• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Periódicos en acción

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Como se dijo en la reunión de la Sociedad Interamericana de Prensa que acaba de terminar en Barbados, la campaña de los gobiernos para el control de los medios privados ha aumentado en la región. En nombre de la democracia, diferentes gobiernos han impuesto controles mediante los cuales pretenden que la prensa otrora independiente se convierta en el eco de los oficialismos que ejercen hegemonía, o en simple apéndice de una voluntad cada vez más autocrática que, en última instancia, impide la difusión de la verdad.

Se examinaron en la reunión los diversos mecanismos empleados para silenciar a los periódicos autónomos, pero se pasó del análisis a los hechos concretos, en relación con uno de los casos más escandalosos en esta materia de imposiciones expresas o disimuladas: en el particular caso de Venezuela, la negación de papel por parte del gobierno, para que impresos como El Nacional puedan llevar a cabo su trabajo.

Ya El Nacional, junto con El Impulso y El Nuevo País, había recibido la solidaridad de los colegas de la prensa colombiana reunidos en la asociación Andiarios, que enviaron 52 toneladas de papel para ayudar ante la asfixia impuesta por la sordera del gobierno frente a sus peticiones lícitas y urgentes.

Ahora, en la reunión de la SIP en Barbados, La Prensa de Panamá, el Nuevo Día de Puerto Rico y Trinidad Express de Trinidad, anuncian que harán lo mismo. Suministrarán bovinas en calidad de préstamo para evitar que se silencie a los colegas venezolanos, en el comienzo de lo que se anuncia como una mayor muestra de generosidad que seguirán otros voceros del subcontinente latinoamericano.

Se trata de una decisión trascendental, de un hecho inédito que marca un hito en los anales de la libertad de expresión y señala la voluntad vigorosa de impedir el control de los medios por regímenes autocráticos o tendientes a la autocracia. Si alguien buscaba señales de integración continental, ahora las observa con creces. Si alguien pensaba que la SIP era apenas un cónclave de negocios y de negociantes, sabe ahora que se trata de otra cosa de gran importancia para la salvaguarda y la subsistencia de derechos humanos fundamentales.

Si se creía que la libertad de expresión estaba confinada en departamentos estancos, ahora entiende que es, sin duda, un hecho y un combate sin límites. Si se pensaba que El Nacional y otros medios de su estirpe estaban solos, ahora se siente que cuentan con fraterna y sólida compañía.

Pero la solidaridad de un grupo de editores los trasciende de sobra. También significa el apoyo de millones de lectores ante quienes llegan, por un lado, la evidencia de la decisión de los propietarios de sus periódicos de auxiliar a sus pares; y, por otro, el testimonio palmario de cómo se impide a una parcialidad considerable de sus vecinos que ejerzan el derecho que ellos usan y disfrutan sobre el acceso sobre informaciones veraces y oportunas.

Las autocracias de diferente laya quedan también advertidas. Sus tropelías no son exclusivamente nacionales. Los atropellos domésticos se conocen y lamentan en los alrededores. No sólo encuentran resistencias endógenas sino internacionales. No le niegan el papel a un par o a un trío de editores que les parecen incómodos y antipáticos, sino también a una legión de editores, de periodistas, columnistas, opinadores y lectores latinoamericanos cuya influencia no puede pasar inadvertida y cuya voz clama por justicia.

Que los periódicos mencionados se hayan puesto en acción para ayudar a El Nacional y a otros medios impresos, forma parte del comienzo de una historia que nadie se había atrevido a realizar, pero que se inicia como parte de una hazaña llamada a convertirse en paradigma de compromiso democrático.