• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Pereza y Gobierno

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Una de las nuevas diversiones del tren gubernamental es leer los titulares de los periódicos y anotar aquellos que a su juicio no reflejan la verdadera “realidad bolivariana”. Hace días la agarraron con Ultimas Noticias porque  publicaba muchas quejas populares y no los “avances espectaculares” del plan Patria Segura, y el miércoles, Maduro y Diosdado arremetieron contra El Universal y El Nacional porque no se ocuparon del aniversario del nacimiento del Padre de la Patria, Simón Bolívar.

Se ve que apenas leen los titulares y no las páginas interiores en las que se publicitaba la fecha y se hacía un recorrido por la Casa Natal, arreglada luego de años de estar cerrada. En todo caso, lo que Maduro y su alter ego demuestran con su actitud es una inmensa pereza intelectual: basta con revisar el archivo de este diario para darse cuenta de que las reflexiones sobre Simón Bolívar atraviesan permanentemente la historia del periódico desde su fundación, en artículos y entrevistas con historiadores, sociólogos, militares y profesores universitarios.

Es más, nuestro editor adjunto Elías Pino Iturrieta publicó una biografía de Simón Bolívar en el volumen número 100 de la colección Biblioteca Biográfica Venezolana, fundada por nuestro recordado Simón Alberto Consalvi, historiador, periodista y escritor, entre tantas otras cualidades. Claro, como el libro de Pino Iturrieta tiene 200 páginas, a Maduro le dio flojera leerlo y ni que decir de Diosdado.

Ahora bien, los venezolanos nos preguntamos por qué los últimos presidentes de este país son tan frágiles y desteñidos intelectualmente, al punto de que, a menudo, carecen del vocabulario indispensable para hilvanar un discurso sin herir de muerte el idioma español, la geografía o la historia. En verdad no se les puede prohibir el derecho que tiene todo ser humano de equivocarse, pero lo que más molesta es la insistencia permanente en los errores, algo que no puede atribuirse sino al desprecio por el conocimiento y a la pereza por dedicarle algo de tiempo a formarse para estar a la altura de las grandes responsabilidades que conlleva la correcta conducción de una república.

Quizás este par de insignes funcionarios son asiduos lectores del libro el Derecho a la pereza de Paul Lafargue, activo militante de la Comuna de París y casado con una hija de Karl Marx. Lafargue se suicidó convencido de que por haber vivido lo suficiente merecía descansar eternamente.

A estas alturas el socialismo del siglo XXI ha sido incapaz de concebir un modo de producción distinto al capitalista y mucho menos de formar un hombre nuevo, para el cual la pereza sea un derecho inalienable. De manera que nuestros gobernantes deben formarse con libros, informaciones y documentos que van más allá de una simple lectura de los titulares de los diarios.