• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Pemones toman la escena

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No deben pasar inadvertidos los episodios que han tenido lugar en los territorios del sur de Venezuela, en las regiones remotas de la Gran Sabana, donde miles de indígenas fatigados por los malos tratos que les vienen dando los militares decidieron rebelarse y hacer valer sus derechos de pueblos ancestrales. Algo sin precedentes sucedió como corolario de estos acontecimientos. Y fue esto: 28 soldados y 14 oficiales fueron retenidos por los indígenas y tomados como instrumento de negociación, dado que la solicitud de diálogo fue menospreciada por el poderoso mayor general Clíver Alcalá Cordones, jefe militar de toda la región.

Como si allá no existiera el Estado de Derecho, y como si los pemones no fueran ciudadanos, se trató de imponer absurdas restricciones a sus derechos ancestrales, y se militarizó la región, tal como se desprende del documento dado a conocer por los capitanes indígenas.

El documento es impresionante por su estilo, sus denuncias y sus planteamientos. Revela y denuncia los estragos de la militarización que se les ha venido imponiendo de manera creciente. Además de la retención de oficiales y soldados, bien tratados por los indígenas –dígase de paso según propio reconocimiento–, en el documento se solicitaba la destitución del mayor general Alcalá Cordones. Aunque esta solicitud no se concrete, debe registrarse como un episodio aleccionador. En una palabra, no se necesita ser pemón para tomar iniciativas que establezcan los límites de la legitimidad.

El conflicto terminó el sábado en la noche, en una reunión que se prolongó 7 horas en Santa Elena de Uairén, con la firma de 8 acuerdos por parte de 22 capitanes comunitarios y 5 generales, y por la ministra de los Pueblos Indígenas, quien, al parecer, había quedado pintada en la pared a lo largo del conflicto.

La solución fue la respuesta al documento original de los indígenas. El primer punto fue la desmilitarización de las tierras ancestrales, el punto crítico. Y el segundo, el derecho exclusivo de los indígenas de desarrollar la minería a baja escala. Con las restricciones y precauciones ambientales.

Otros acuerdos tienen que ver con el tráfico aéreo, la liberación de 21 aeronaves retenidas. Esto de las aeronaves, su número y su uso, es, sin duda, un tema sensible, dadas las tentaciones de contrabando y tráfico de drogas. Pero debe propiciarse sin trabas el comercio legal y el suministro de alimentos a los poblados, puesto que no existen otras vías expeditas.

En suma, la Operación Arekuna marcó un hito en las relaciones de los pueblos indígenas con los representantes del Estado.

Extrañamente, el poder civil había dejado todo en manos de los militares, que, como dice el documento de los pemones, habían militarizado las regiones ancestrales como si no hubiera leyes que aplicar o principios que respetar. Es preciso leer y analizar el documento original para comprender la complejidad del asunto.