• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Papel y libertad

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Hoy en las calles de Venezuela se juega no sólo el destino de la prensa escrita, sino también el derecho y la libertad que tienen los venezolanos de estar informados sobre la realidad de su país. El analfabetismo funcional que reina en los altos estratos del poder hace que los funcionarios rojitos odien todo aquello que le exija el mínimo de esfuerzo de leer y escribir. Prefieren los gritos, los insultos, las trompadas y los disparos a entablar cualquier polémica en la que tengan que argumentar por escrito la validez de sus ideas.

Nunca en Venezuela se había lanzado una guerra sin cuartel contra la prensa democrática como la que está ocurriendo ahora. Desde Miraflores se ha orquestado una ofensiva orientada a cerrar los espacios críticos, aquellos que están abiertos a las opiniones sensatas y constructivas que ayuden a salir al país de esta espantosa crisis económica, ética y social.

El gobierno ha invertido inmensas cantidades de petrodólares en comprar maquinarias para sus periódicos, les ha inyectado un gigantesco apoyo publicitario y les ha dado el dinero para mantener amplias nóminas, que superan cualquier periódico normal y corriente. Si el gobierno no los mantuviera ya hubieran quebrado.

En cambio aquellos pequeños periódicos regionales que tratan de informar al ciudadano sobre lo que ocurre en su entorno, pero sin meterle el veneno partidista, lo que reciben del gobierno son las arremetidas de las botas militares, los insultos de los grupos armados y el cerco económico dirigido a que languidezcan y mueran.

Igual ocurre en Caracas y otras importantes capitales de provincia donde la profesión de periodista no llega a recibir ni la mitad de los altísimos sueldos y salarios de esos burócratas de la noticia que hoy viven cómodamente como si fueran corresponsales extranjeros en su propio país.

Pero incluso en tan grande desigualdad de condiciones técnicas y salariales, los periodistas democráticos les ganan de lejos en números de lectores a los oficialistas. Es por ello que a Maduro no le ha quedado otro camino para ocultar la derrota que quitarle el papel a los periódicos que no obedecen la línea oficialista.

El señor Maduro dice que no tiene dólares para los periódicos pero “las importaciones de papel rondan apenas los 140 millones de dólares al año. Esa es una cifra risible para el tamaño de la economía venezolana (representa 0,3% de las importaciones)”, según le declaró a la agencia de noticias AFP el profesor Carlos Correa, de la ONG Espacio Público.

Para derrotar estas zancadillas económicas de Maduro, para rescatar el derecho del venezolano de leer el periódico que él quiere y no el que le impone este gobierno, para que la juventud crezca y se forme en los principios democráticos, y para que los estudiantes no sean víctimas de las cobardes agresiones de los cuerpos policiales y la GN, hoy los periodistas y el pueblo salimos a marchar con coraje y valentía.