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EDITORIAL

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El Papa en Brasil

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Entre dos invitaciones se han repartido en estos días algunos mandatarios latinoamericanos y caribeños. Otros, los más, no se dieron por aludidos. Los de la Alianza Bolivariana y Uruguay dieron preferencia a la conmemoración cubana de los sesenta años del asalto al Cuartel Moncada. Solo dos de ellos, Evo Morales y Desi Bouterse, uno aliado en propiedad y otro en trance de adhesión, anunciaron que hoy estarían en Río de Janeiro para la celebración final de la visita del papa Francisco a Brasil. La presidenta Dilma Rousseff había extendido a sus pares de la región la invitación a hacerse presentes en los días de la visita con la que el primer Papa de este lado del mundo estrenaba sus salidas del Vaticano.

Son dos encuentros muy distintos, que no tendrían por qué mezclarse, mucho menos para politizar la presencia del Papa. Precisamente, en aras de esa diferenciación conviene reflexionar sobre dichos y hechos reveladores del contraste entre la arrogancia y los desplantes propios de las conmemoraciones de la Revolución Cubana, y el tono comprensivo y de acercamiento a los problemas de la gente que prevaleció en el mensaje y las actitudes papales en Brasil.

Si esta visita ha sucedido en circunstancias complejas para la Iglesia Católica y para el gobierno de Rousseff, en Cuba y su más cercano socio las cosas andan peor. Es difícil imaginar al sumo pontífice por las calles de La Habana o Caracas emplazando a las élites políticas y económicas y reclamando más inclusión; esto, como se dice ahora, movería a los gobiernos respectivos fuera de su zona de confort.

En la conmemoración caribeña abundaron los elogios a la Revolución Cubana, Fidel y Raúl Castro. En su tono característico, el presidente José Mujica declaró que sostuvo una “conversación demasiado arborescente” (¿?) con Fidel; luego, habló de la disposición de “darle la mano a la isla caribeña para elevar la productividad” y de que “vale la pena tener el coraje de empezar de nuevo”. Ante tales rodeos y ambigüedades, surgen las preguntas: ¿por qué tanto cortejo al Gobierno de Cuba y tanta sordera y ceguera con los padecimientos de los isleños? ¿qué ofrece la experiencia castrista a la seguridad y prosperidad regional? Pero no les importan ese tipo de incómodas cuestiones.

Los presidentes Evo Morales y Demi Bouterse confirmaron que asistirían hoy a la misa del papa Francisco, como también la presidenta Kirchner.  En estos tiempos de tanto cálculo, lo que quizá ha pesado más para estar presente es la geopolítica de la vecindad; tal vez alguna reformulación pragmática de la vieja pregunta estalinista sobre las divisiones del Vaticano o, más bien, las de Brasil.

Por lo pronto, los más prominentes y acontecidos socios de la Alianza Bolivariana prefieren compartir afinidades y necesidades en el oráculo de La Habana antes que afrontar los desafíos del presente que la cercanía del papa Francisco alienta a expresar, escuchar y atender.