• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Panorámica necesaria
Tribulaciones del vecindario

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Ante las crisis regionales y nacionales de inocultable repercusión mundial que se desarrollan en Europa del Este, el Medio Oriente y África, así como la que sufre nuestro país en su propia escala de gravedad, parece oportuno volver la mirada al vecindario cercano y a la naturaleza de sus tribulaciones.

No es el caso menospreciar los padecimientos de otros, tampoco se trata de relativizar los propios. Lo que luce útil y necesario es revisar el panorama latinoamericano para hurgar en las condiciones en las que se cierra un ciclo de grandes promesas, en buena medida incumplidas, de prosperidad, democracia y justicia social.

Si las protestas que rodearon el inicio del Mundial de Fútbol revelaron la falta de correspondencia entre las aspiraciones globales de Brasil y las urgencias y reclamos nacionales, en México las reformas impulsadas por Peña Nieto han sido opacadas por los datos sobre el pobre desempeño económico y el recrudecimiento de la violencia. En el extremo sur, el maquillaje de las estadísticas, la presión sobre los medios de comunicación críticos y la bandera del rechazo a los “fondos buitre” no impidieron que los argentinos acusaran el impacto de la inflación y la escasez, también los de la demagogia y la personalización del poder. Ciertamente que no todo es economía: la próspera Colombia, que tuvo su fuerte dosis de protestas el año pasado,  vive junto al avance de las negociaciones de paz una fuerte y desgastante polarización entre el gobierno de Juan Manuel Santos y la oposición uribista.

En Perú y Ecuador también se han multiplicado protestas y críticas frente a sus gobiernos, mientras que a Michelle Bachelet, con una amplia agenda social, política y educativa por delante, le está resultando mucho más difícil gobernar en este segundo mandato.

Con estas ilustraciones en mente se perfila una región en la que no se cultivaron debidamente las oportunidades que abrieron los incrementos en la demanda y los precios de las materias primas, el crecimiento económico y las ventajas relativas ante la crisis mundial, las posibilidades de diversificar negocios con otras regiones del mundo, el apoyo mayoritario de los electores a programas que prometieron renovación y, no menos importante, las posibilidades de una concertación cierta y fiable en la vecindad, para robustecer y hacer más seguras a las sociedades, incluso frente a sus propios gobernantes.

Ante lo que se perfila como final de un ciclo, no puede ni debe darse por sentado –vista la historia más y menos reciente– que la pérdida de margen de maniobra de los gobiernos y las manifestaciones sociales de inconformidad ante la inseguridad ciudadana, la ineficiencia de políticas públicas y la corrupción, conduzcan naturalmente a arreglos más democráticos y eficientes.

Por eso merecen atención las tribulaciones latinoamericanas, aunque comparadas con las de otros lugares del mundo y las propias sean menores.