• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

Al instante

Palabras para tragarse

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Es recomendable que se piense muy bien antes de hablar, sobre todo si quien lo hace es el más alto funcionario de la República. Esta simpleza, aparentemente, no ha llegado a los oídos de la dirigencia del PSUV que, cada vez que ocurren sucesos como el que le costó la vida a Robert Serra, se precipitan a hablar sin pensar y a callar lo que barruntan, porque lo que buscan es empantanar a los políticos de la oposición. Y, a pesar de las tentativas oficialistas de atribuir los homicidios del parlamentario y su compañera a fantasiosos planes urdidos por lo que voceros del régimen llaman la derecha oligárquica, y sostener que en tal complot estaría implicado (además de factores intervencionistas ritualmente señalados como autores intelectuales y financistas de improbables planes desestabilizadores), el ex presidente de Colombia Álvaro Uribe, las investigaciones apuntaban al principio a establecer el robo como móvil del atroz evento, lo que no es una refutación de la matriz comunicacional que pretende imponer el gobierno, sino que confirmaría que se trata de otro crimen en la serie que, propiciada por la impunidad, ha transformado a nuestro país en uno de los territorios más peligrosos del planeta.

No pretendemos sumar la voz editorial del periódico al coro que, con mucha y justa razón, critica la desvergonzada manipulación informativa de la cual ha sido objeto el ominoso hecho; sin embargo, nos sentimos en la obligación de referirnos a un comunicado difundido, el pasado 11 de octubre, por la delegación guerrillera que participa en las negociaciones de Paz de La Habana. Los voceros de las FARC, tal vez motivados por la acusación formulada por Maduro para implicar a Uribe, procedieron a condenar el asesinato del diputado, lo cual está muy bien, pero no desaprovechan la oportunidad para,­ como disco rayado,­ repetir que se trata de "los desmanes de conspiradores locales y extranjeros que buscan la desestabilización del país y su proceso revolucionario". Con sus habituales zarandajas panbolivarianas, los guerrilleros claman por justicia y afirman que lo sucedido con Serra es "parte de una guerra sucia apátrida" y tiene intenciones evidentemente "políticas y contrarrevolucionarias".

Llegó un poco tarde este pronunciamiento de la narcoguerrilla porque ya las pesquisas y averiguaciones de organismos de inteligencia y seguridad del Estado manejaban la tesis del robo, aunque al parecer algo se descubrió que molestó a las altas esferas y de allí el cambio de manos en la conducción del caso y las variaciones de Maduro sobre el tema de la desestabilización.

De nuevo, el ocultamiento y el embuste en procura del provecho político. De nuevo, hipótesis irresponsables que, como sucedió en el caso de Eliézer Otaiza, intentan embarrar a la oposición que no tiene velas en ninguno de esos entierros. De nuevo, pues, palabras para tragarse; palabras que no se deben decir, pero que se pronuncian porque la incontinencia verbal del liderazgo rojo no es únicamente producto de esa filosofía que recomienda disparar primero y averiguar después, sino también de la convicción que de las mentiras, y más cuando son reiteradas hasta el hartazgo, siempre queda algo, por lo menos la duda.