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EDITORIAL

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El Orinoco en Caracas

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Capriles, ayer

Ayer domingo, 30 de septiembre, fue el anuncio de lo que ocurrirá en Venezuela el 7 de octubre. Con una gigantesca concentración, Henrique Capriles Radonski, candidato de la unidad, cerró su campaña en la zona metropolitana. No se había visto una manifestación de estas dimensiones. No vale la pena hacer cálculos. Fue un río que confluyó de todas las partes de la ciudad, un Orinoco desbordado, una demostración del entusiasmo que ha despertado la candidatura del representante de la unidad nacional. Miles y miles de venezolanos se hicieron presentes ayer en la avenida Bolívar y en sus zonas adyacentes. La primera característica fue su espontaneidad. Los ciudadanos concurrieron persuadidos de su responsabilidad.

No fue, como es la costumbre del candidato a la tercera reelección, una manifestación de autobuses y electores cautivos. Con listas de empleados públicos y cubanos espías detrás de ellos. No fue una manifestación de uniformados rojos a los cuales se les entregan sus franelas para marcarlos y contarlos. No se llenaron las vías con los autobuses que traen gentes de Miranda, Aragua o Carabobo que cuestan todos los dineros del mundo. Así lo veremos probablemente el próximo jueves. Chávez no llena ya la avenida con sus seguidores de Caracas.
Henrique Capriles Radonski pronunció un discurso respetuoso y entusiasmado, según su estilo de campaña. Lo que lo distingue del discurso oficial, vejatorio, agresivo, devastador. Es lo que ha caracterizado su campaña, y con toda seguridad lo que le ha dado tanta fuerza a su candidatura. Capriles expresó que el presidente candidato Hugo Chávez Frías había regalado a países y organizaciones extranjeros alrededor de 259 millardos de bolívares fuertes.

Mencionó algunas de las obras pagadas por el comandante. Causan estupor por lo irresponsable y disparatado.

Veamos ejemplos, rápidamente: en Nueva York, millones para limpiar el río Hudson, en el corazón del imperio. En Puerto Rico, para financiar un proyecto de salsa. Una refinería en Jamaica. Para rescatar una empresa de vidrio, quebrada, en Uruguay. Millones para patrocinar un desfile en el carnaval de Río. Un canal público de TV en Ecuador. Un estadio en Bolivia. Petrocasas en Guatemala. Un hospital en Montevideo. Una planta eléctrica en República Dominicana. Donación de 100 millones a la casa presidencial de Honduras. En suma, oscuridad dentro y luz para fuera.
Con ironía y sorna, Capriles leyó algunos puntos del programa del candidato oficialista. Por ejemplo: “Lograr el equilibrio del universo y garantizar la paz planetaria”. “Preservar la vida en el planeta y preservar la vida humana”. Algo que oscila entre lo demencial y lo ridículo. Se acabaron los regalos, se acaba la entrega de nuestro petróleo, prometió Capriles. Aquí hay una opción que lleva 14 años en el poder y ya se agotó. Concluyó: “Vayan a votar el 7 de octubre, vayan a votar por ustedes”.