• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Orden de callar

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El Ministerio Público ha introducido una demanda contra el diario El Universal, porque publicó un fragmento de una imagen fotográfica. Como se sabe, los reporteros informaron sobre un crimen e ilustraron la noticia con la foto de la mano de un cadáver tirado en la calle. A su alrededor se advertían señales de la sangre derramada por la acción violenta de los delincuentes.

La foto, que se publicó en parte porque se consideró suficiente para llamar la atención sobre la proliferación de la violencia, provocó la alarma de la Defensoría de Pueblo. La publicación atentaba contra los derechos de los niños, argumentó la funcionaria, y por ello reclamaba una reprimenda. Su reacción tuvo eco y ahora la Fiscalía pide que el periódico no publique ese tipo de imágenes porque pueden causar perjuicios a la infancia venezolana.

Son muchas las objeciones que se pueden hacer a la solicitud del Ministerio Público, si queremos detenernos sólo en la base de su reclamo sin mirar la intención esencial de los reclamantes. Primera: El Universal no es un impreso frecuentado por los niños, sino por adultos que necesitan información fidedigna sobre la realidad en la que viven y que un informador veraz no les puede negar sin traicionar su vocación y sus obligaciones. No es un impreso frecuentado por infantes, que prefieren otro tipo de lecturas.

Segunda: un espejo refleja la totalidad de los hechos que registra, sin discriminación, porque si apenas recoge un fragmento de la totalidad deja de ser espejo. ¿Cómo, en sano juicio y desde la perspectiva de los derechos consagrados por la Constitución y por la costumbre de los usuarios, piden que se vuelva pedazos su luna para que apenas haga tomas parciales de lo que tiene en abundancia frente a ella?

La debilidad de los argumentos obliga a buscar otra explicación, relacionada con anteriores medidas punitivas como la que se ejerció contra El Nacional cuando publicó la imagen de la morgue de Caracas repleta de cadáveres. La autoridad acudió entonces a la sensibilidad de los infantes, que se podían trastornar ante el horroroso testimonio de los resultados de una violencia desenfrenada y de la desidia de los responsables.

La autoridad multó a El Nacional y a otro periódico, para supuestamente proteger criaturas inocentes. ¿Estamos ante un pretexto digno de respeto? No, desde luego. Hay que ser demasiado inocente para aceptar las razones del régimen. Los burócratas se preocupan por las manifestaciones de la libertad de prensa, como la que ahora es objeto de una amenaza de prohibición y multa. El gobierno quiere ocultar la realidad, porque le teme a ese tipo de información mediante las cuales el lector topa con la violencia en la que está sumido por culpa del gobierno.

Como El Nacional no está redactado por niños, sino por periodistas responsables e independientes, rechaza estas tropelías reñidas con la democracia y la libertad de expresión.