• Caracas (Venezuela)

Editorial

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Con el nombre de Operativo de Liberación y Protección del Pueblo el gobierno anuncia su Plan de Seguridad Ciudadana, el número 25 presentado a lo largo de 16 bolivarianos años y de 12 ministros de Interior y Justicia, todos del PSUV o militares con nula formación en seguridad pero sí magna cum laude en disparar primero y averiguar después.

La mayoría de estas lumbreras repite al asumir: “Ahora sí vamos a reducir la inseguridad”, pero hasta ahora sin éxito alguno. Por desgracia, Venezuela es, después de Honduras, el país con más homicidios en el mundo. En el año 1999 asesinaron a 5.968 venezolanos, y en 2014 esa cifra aumentó a 24.980, de acuerdo con el Observatorio Venezolano de Violencia. El incremento es de 318%.

A pesar del fracaso de esos planes de seguridad y de acuerdo con el Presupuesto de la Nación 2015, en los últimos tres años, el gobierno ha dispuesto de más de 8.800 millones de bolívares para la Misión A Toda Vida, aunque las cifras de homicidios demuestren una deficiencia absoluta y total del plan.

Con la OLP buscan dar una solución a este peliagudo problema que azota a Venezuela y que, según las encuestas, constituye junto al desabastecimiento las dos más graves dificultades que se viven en este país, intentado mediante operativos con grandes despliegues policiales y militares poner fin a esta sangrienta situación con actuaciones nada respetuosas de los derechos humanos.

Detenciones arbitrarias, allanamientos sin orden judicial, maltratos y tratos crueles, inhumanos y degradantes resaltan como una constante en las denuncias de las personas que han tenido que padecer estas irregulares acometidas por parte de los funcionarios militares y policiales.

Paradójicamente, los sitios donde la OLP ha actuado hasta ahora son lugares que el mismo gobierno ha aupado y creado como las disparatadas “zonas de paz” que le dieron el control de ciertas barriadas del país a los delincuentes, o los edificios de la Misión Vivienda que fueron entregados sin ningún tipo de revisión de los nuevos ocupantes.

El gobierno creó su propio monstruo y ahora no sabe qué hacer para destruirlo. Lo único que han hecho es actuar como a ellos les gusta, reprimiendo y sin derecho a reclamo, violando derechos humanos y causando daños a familias inocentes.

La delincuencia ha ido perfeccionando sus técnicas de trabajo, dice el experto Roberto Briceño León. “Mientras en la década de los 90 y a principios de los 2000 las pandillas robaban al carnicero, ahora le cobran al carnicero para no robarlo”,

Ya Maduro ha anunciado nuevas fases de la OLP para liberar al país del crimen, mientras la primera combatiente y la ministra fosforito trabajan en nuevas leyes que aplicarán para los detenidos en las operaciones, que si van a funcionar como las cárceles que dirige Varela, desde ya aseguramos el más rotundo fracaso.

Necesitamos que se combata la delincuencia y ser un país en paz, pero esto requiere de planes serios, realizados por expertos y respetando los derechos humanos. Basta de improvisar.