• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Ojo con la mano peluda
Trampas y tramposos

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Con la morosidad acostumbrada por quienes decidieron que el tiempo es un bien susceptible de ser expropiado, la bancada roja de la Asamblea Nacional decidió, con dos años de retardo, encarar un asunto que venía postergando con el propósito de exasperar a la oposición a fin de que esta se rindiera por fastidio y se lavara las manos en la selección de los miembros de la “sociedad civil” que integrarán, junto con 11 diputados, el Comité de Postulaciones Electorales.
Este comité tendrá a su cargo la espinosa elección de tres rectores para sustituir a Tibisay Lucena, a Sandra Oblitas y a Vicente Díaz en el CNE. 

Escarmentados por las funestas consecuencias que pueden acarrear el abstenerse en cuestiones trascendentes para la nación, los parlamentarios de la unidad se transaron por estar minoritariamente representados en ese desbalanceado organismo, que difícilmente puede actuar con ecuanimidad, con la convicción de que sus opiniones influirán en sus decisiones.

Ese comité no puede actuar de manera equitativa e independiente porque está teñido de rojo, como lo estuvo el proceso de postulaciones que permitió la emergencia de estrafalarios colectivos como la Red de Organizaciones Afrodescendientes, La Araña Feminista o la Capitanía General del Sector 7, de modo que, para un observador imparcial, lo que debería ser delicada y seria materia, pareciera más bien una mamadera de gallo. 
Por ello, el desbalance (12 representantes del “proceso bolivariano” y 9 con las fuerzas democráticas) en la conformación del CPE es argumento del que ya echan mano los que juegan al abstencionismo.

Quienes respetan los mecanismos constitucionales, que son el grueso de los venezolanos, saben que aún en desventaja no solo se puede, sino que se debe dar la pelea porque es cuesta arriba desconocer una decisión claramente favorable a la mayoría de la voluntad popular.
Son encontradas las reacciones ante el arreglo consensuado en la asamblea; la suspicacia, empero, no debe impedir que la inteligencia imponga sindéresis y razón al momento de suplir las rectorías vencidas. 

Al señor Maduro y a su gente del PSUV les conviene comportarse como la mujer del César si no quieren que se agudice el creciente rechazo que sus arbitrariedades están provocando, incluso entre sectores que les son afectos.