• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Octubre rojo

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“Estamos dispuestos a todo y cuando digo todo es absolutamente todo”, vociferó el sábado pasado en Vargas el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, ante un auditorio organizado en “unidades de batalla”, presto según él y Maduro a entrar en combate contra quienes amenazan la estabilidad del régimen mediante la “guerra económica”.

Nicolás Maduro habló de profundizar la revolución a través de giros estratégicos que harán de octubre un mes rojo, no sabemos si por nostálgica evocación de la revolución bolchevique o por la sangre que podría derramarse por estas provocaciones, impropias de quienes, desde el poder, deben llamar a la paz y la concordia.

Ya sabemos que los “colectivos armados” instituidos a partir de la impunidad que el oficialismo garantiza a sus integrantes y que se han enseñoreado en  los barrios son capaces de propiciar desmanes que cuadran con el “absolutamente todo” de Diosdado para generar  un estado de excepción, que justifique tal vez la eventual suspensión de las elecciones municipales que el PSUV estaría en peligro de perder.

De allí los apocalípticos anuncios de Maduro respecto a la organización de “un ejército de patriotas, de una vanguardia popular”. Con este lenguaje que busca emular el verbo beligerante de su mentor, pero sin la garra suficiente, Maduro quiere ser más radical: “Si seguimos comprobando elementos perniciosos, anticonstitucionales, ilegales, de terrorismo psicológico, de guerra económica, eléctrica, contra la democracia, he colocado una fecha y tomaré medidas especiales para asumir otra etapa de la revolución bolivariana y pido apoyo al Partido Socialista”.  

Esta admonición con ribetes de ultimátum se torna preocupante cuando Maduro le recuerda a sus seguidores que, “ante la evidencia de sabotaje eléctrico o de perturbación violenta, la dirección político-militar sabe lo que tiene que hacer”. Y remata: “Ustedes también deben saber adónde dirigirse, tomar el poder en cada avenida, en cada autopista”.

Estamos ante una abierta instigación al amotinamiento para amedrentar a las pacíficas mayorías ciudadanas que no sólo exigen paz sino una sana convivencia entre todos los venezolanos. Esta incitación a la rebelión no tiene lógica porque quienes tienen razones de sobra para sublevarse han optado sabiamente por aferrarse a la Constitución y a la votación democrática.

Buscan Maduro, Cabello y sus acompañantes un octubre escarlata y por eso repiten que “si la oposición continúa la guerra contra el pueblo, convocarán al pueblo y a la fuerza armada para emprender una nueva etapa” y aseguran que ambos sectores “harán un juramento el 5 de octubre”. Quiere un octubre rojo rojito, aunque para ello deban teñir las calles con sangre.

Pero se equivocan porque los venezolanos sensatos y la oposición en general repudian rotundamente la violencia y el uso de la fuerza. Venezuela está en ruinas y nuestro primer deber es reconstruirla en sana paz.