• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Observadores de piedra

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Luego de tantas rabietas, lloriqueos y amenazas de la cúpula narcobolivariana, se han tenido que tragar sus aspavientos y aceptar que viajaran a Caracas los observadores internacionales que tanta molestia le causan a Jorgito, Nicolás y el Capitán. Desde luego que nadie en la oposición se cree que estas delegaciones puedan ejercer a fondo las inspecciones del caso y que, seguramente, Miraflores intentará torear la situación de la misma manera en que lo ha hecho en ocasiones anteriores. Pues que con su pan se lo coman.

En verdad y siendo tal el deterioro moral, económico y político del gobierno, el hecho de que cumplan o no con su labor es lo de menos porque ya internacionalmente se conoce muy bien la catadura de este régimen. De modo que la dimensión de los engaños es tal que no podrán maquillar en tan corto tiempo sus errores y mucho menos sus vicios y cercanías con el mundo del delito.

Lo importante en todo caso es que estas avanzadillas de observadores internacionales del proceso electoral ya no les son tan fieles como antaño, ni tampoco se les nota cohesionados y sólidos como en la época del comandante eterno, cuando bastaba un par de llamadas telefónicas presidenciales para asegurar que las cosas estaban marchando por el carril escogido, es decir, que podían dormir tranquilos y engalanar por anticipado el Balcón del Pueblo.

Ahora los asuntos electorales están demasiado revueltos, como si fueran unos escritorios de burócratas que ya no aguantan tanto papeleo. Y lo peor es que a Nicolás las criadas les han salido respondonas y hoy esta parte sur del continente americano ya no tiene dueño único y menos mandatarios obedientes. Poco a poco se ha ido fracturando esa hermandad que unía el populismo con la mentira y los bajos fondos. Como sucede a menudo entre las pandillas de las grandes ciudades, cuando las cosas van mal las traiciones están a la orden día, la solidaridad es provisional y tiene un precio muy alto.

La espada de Bolívar ya no camina triunfante ni reparte petrodólares por América Latina, y el líder eterno no se eternizó ni se eternizará jamás. Hoy sus herederos se mueven por la región como un electrizado crupier en las noches de Las Vegas. La suerte se bate en retirada y los deja abandonados, enfermos y desprestigiados. A la vuelta de la esquina les queda el exilio o la muerte por vejez. Pero la tortura en su conciencia sí será eterna, la mancha sobre sus familias jamás desaparecerá, sus hijos abjurarán del proceso y lanzarán a cualquier cuneta el mal ejemplo de los padres, sus mentiras, sus robos y sus odios contra el mundo.

Atrás, muy atrás y a la vera del camino estará la memoria inquieta de aquellos honestos luchadores políticos que murieron defendiendo sus ideas y sus principios. De ellos queda el ejemplo, de sus hijos e hijas la traición al convertir la memoria de sus progenitores torturados y muertos por la policía en riquísimos pozos petroleros que hoy les permiten vivir en hermosas mansiones compradas con dinero sucio.