• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Las OLP y la barbarie

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La muerte patrulla las calles

ara el combate de la delincuencia desbordada, el régimen ha puesto en marcha unas penetraciones armadas, llamadas OLP, de cuyas acciones se ha visto mucho en días recientes y sobre las cuales conviene un comentario que llame la atención sobre sus aberraciones. 

El simple hecho de que se anuncien como procedimientos liberadores, en lugar de groseramente represores, permite llegar a conclusiones de difícil rebatimiento. 

¿Cuál es la razón del disfraz? ¿Por qué unos operativos de entrada a mansalva en las barriadas, o en circunscripciones rodeadas previamente por la tropa, se presentan como un mecanismo civilizado y oportuno de salvaguarda de la ciudadanía? No son preguntas triviales, debido a que la palabrería se pone en movimiento para ocultar conductas atroces de represión sin freno que no solo buscan a los supuestos culpables, sino que también arrollan y atropellan a los inocentes con los que topan en el camino de unas marchas sin contención de ninguna especie. 

El crecimiento de la delincuencia hasta escalas inimaginables hizo que el régimen se planteara campañas de guerra a muerte, cuyos objetivos no podía presentar sin dar explicaciones relacionadas con la violación de los derechos humanos, o con el elemental respeto de la vida y de las propiedades. De allí que los exhibiera como caminos prudentes y de urgente necesidad, que devolverían la paz anhelada por las comunidades infestadas de malandros. 

Inobjetable presentación, si se considera la multiplicación de la delincuencia y las urgencias crecientes de las víctimas; pero, a la vez, arma de doble filo que mete en un solo saco a los justos y a los pecadores. 

Las OLP no solo violan los derechos de los delincuentes, que los tienen a pesar de su macabro oficio, de su conducta destructiva e ilegal, sino también los de los vecinos a quienes azotan esos delincuentes y quienes no tienen más remedio que compartir la cercanía de sus madrigueras. Las operaciones de tierra arrasada no solo están reñidas con las pautas de la civilización, sino también con toda la legalidad vigente. 

Las avanzadas a mansalva tal vez solo encuentren justificación en tiempos de guerra, que no dejan de estar sujetos a pautas de humanidad, ciertamente, pero que se obvian en los ataques armados que hoy ejecutan las fuerzas armadas para detener una crisis de inseguridad que las autoridades han fomentado con su apatía y también con su complicidad. 

Estados de sitio que se repiten con insólita frecuencia en cualquier rincón del mapa, imperios de la ley del talión en una comarca que parece tener los códigos de adorno, muestras de ferocidad indignas de una sociedad civilizada, escenas de terror que no se merece una ciudadanía que clama por la convivencia pacífica, guerras sin cuartel en las que caen los indefensos y los pobres junto con los contados delincuentes que no madrugaron, batallas campales sin restricciones y sin frutos, las OLP no son sino una exhibición de violencia e ineptitud que no cabe en los anales de una república civil y civilizada.