• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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La OEA y Mickey Mouse

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Después de que su protector Roy Chaderton pusiera la torta en la OEA, la canciller venezolana, Delcy Rodríguez, ha decidido tomar el toro por los cachos y salir a explicar en la Organización de Estados Americanos, que cuando el señor Chaderton dijo que le gustaba mucho el sonido de una bala cuando atraviesa la cabeza de un joven opositor, en realidad lo que quería decir era todo lo contrario, es decir, que le gustaba la cabeza del joven siempre y cuando estuviera acompañada del suave arrullo de una bala.

No hay nada de malo en eso siempre y cuando la cabeza del joven no sea la de un militante del PSUV que inocentemente va caminando por la calle voceando sus consignas socialistas, porque hasta los asesinatos en Venezuela están clasificados según el partido político, y desde luego si lo dicho por ese gentleman llamado Roy Chaderton (rey del salto de talanquera) hubiera salido de la boca de un opositor ya estaría preso, torturado y aislado en Ramo Verde.

Pero como la frase del señor embajador tenía un blanco muy claramente establecido en un militante de la oposición, entonces hay que aplaudirlo no por haber pronunciado tal barbaridad, sino por ser tan sincero y abierto, tan exquisitamente cruel y tan directo a la ahora de exponer ante la opinión pública lo que, sin lugar a dudas, debe ser el sueño dorado de la cúpula rojo rojita. Y es que en los regímenes comunistas, como Corea del Norte o como lo fue la Unión Soviética de Stalin (un líder tan dulce que mandó a la tumba millones de seres humanos, entre ellos rusos, polacos, alemanes, ucranianos, letones, lituanos y no para usted de contar porque aún faltan muchas fosas comunes por descubrir) así se manejan las cosas.

Cuando el presidente estadounidense Rooselvelt y el primer ministro Winston Churchill se reunieron con Stalin a finales de la guerra, el viejito Stalin tuvo los riñones de plantear la necesidad de exterminar a los millones de prisioneros alemanes que estaban en manos de los aliados. Churchill se paró asqueado y salió de la sala, Roosevelt no lo hizo por estar en silla de ruedas.

De igual manera Stalin exigió que le fueran entregados los prisioneros rusos que habían quedado atrapados del lado de los aliados. Stalin decía que todo prisionero ruso era un traidor y un cobarde y que por tanto debía ser ejecutado sin fórmula de juicio. Apenas llegaron a Rusia se les formó en fila y luego se les disparó, al estilo Chaderton, un tiro en la cabeza. El Che Guevara, tan valiente y varón, le encantaba ajusticiar a los prisioneros también de un tiro en la cabeza y le decía a sus ayudantes en La Habana que no perdieran tiempo esperando la sentencia, igual los iban a fusilar.

De acuerdo con la agencia Efe, Venezuela pidió la convocatoria de la sesión de la OEA “en una carta enviada al secretario general de la organización, José Miguel Insulza”. Menuda suerte la de los venezolanos: volvemos a caer en las manos del inefable Insulza. Habría que preguntarse cuál de los dos (la Mickey Mouse o el viejo zorro) se llevará la copa de oro como campeón del cinismo.