• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Nueva liturgia escolar

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Las autoridades del Ministerio de Educación, o como se llame ahora ese despacho, han escogido a su predilecto en el universo de los héroes. Después de Simón Bolívar, por supuesto. Se trata del teniente coronel Hugo Chávez, cuya biografía queda establecida en los manuales escolares y cuyas fechas de natalicio y muerte se deben conmemorar en los planteles de los niños. Se le ha dado preferencia frente a la trayectoria de otros políticos o mandatarios venezolanos, al extremo de convertir en una liturgia obligatoria los actos de su conmemoración en las aulas de párvulos.

A ninguna autoridad del ramo educativo se le había ocurrido semejante decisión, desde los tiempos de nuestros inicios republicanos. Ni siquiera los aduladores de Guzmán Blanco, a quien le gustaban las loas en vida y quien se hubiera solazado en la tumba con los homenajes posteriores a su muerte, les pasó por la cabeza la idea de perpetuarlo en la memoria de las juventudes de la posteridad; de considerarlo, en la sensibilidad de las generaciones jóvenes del futuro, como un patriota digno de la exclusividad de las ceremonias nacionales.

¿Cuántas figuras, entre las constructoras de la República, merecen una apología obligatoria como la dispuesta en torno a la figura del fallecido presidente Chávez en las escuelas de los venezolanos que se forman para el futuro? La lista no sería corta, pero hasta la actualidad prevaleció el buen juicio de ser escrupulosos a la hora de establecer un menudeo de conmemoraciones.

Las escuelas de niños no son lugares para crear templos que habitualmente son manejados por los oficiantes de turno, es decir, por aquellos a quienes interesa elevar capillas a los líderes de su partido o a los voceros de su ideología. De allí que, con la excepción de la figura del Libertador, o de la exaltación pasajera de otros próceres a quienes se recuerda en el centenario o en el bicentenario de sus importantes obras, han tenido nuestras escuelas un parco calendario relacionado con los aportes de los venezolanos más eminentes.

Chávez es el venezolano más eminente de todos los tiempos, la figura superior de la historia, el héroe de los héroes, el habitante principal del Olimpo republicano, de acuerdo con los arbolarios y desmedidos burócratas del Ministerio de Educación que ordenan su idolatría en los salones y en las mentes de los niños venezolanos.

Sin ponernos a discutir los méritos del homenajeado, pues alguno habrá de tener, es evidente que estamos ante una estrambótica demasía, ante un atrevimiento pedagógico que debe poner en alerta a los padres de familia cuyos hijos son sometidos a una manipulación impuesta desde las alturas del poder, ante una extensión del culto a la personalidad que merece la reprobación de toda la ciudadanía.

Si ya es alarmante que se adore al “Gigante” en las oficinas públicas, en los carteles callejeros, en la televisión estatal y en los discursos de los oficialistas, que penetre su culto a las aulas escolares es sencillamente una aberración.