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EDITORIAL

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En el Norte

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Faltan aún varias semanas para las elecciones presidenciales en Estados Unidos, pero ya se perfilan las tendencias que determinarán su desenlace. La cuestión de mayor relieve que se ventila entre los norteamericanos es la economía. Y será la percepción que los ciudadanos tengan el factor de incidencia final. Según una encuesta de The New York Times-CBS, el presidente Barack Obama va consolidando su ventaja sobre el republicano Mitt Romney. Éste, como hombre de negocios, se definió la persona indicada para reactivar la economía, pero entre la gente viene manifestándose mayor fe y confianza en las propuestas del Presidente. O sea, que comienza a verse la luz en el túnel. Según el Times, “un modesto optimismo permite suponer que las políticas de la Casa Blanca están teniendo éxito”.

No quiere esto decir que Obama se haya despegado y que se pueda dar su victoria por descontada. Quedan aún zonas de duda, incertidumbre, malestar. Según los análisis de opinión, no pocos norteamericanos se reservan para último momento la toma de decisión. Predomina el criterio de que los tres debates que habrán de sostener los candidatos Obama y Romney en otoño será la prueba de fuego que defina el duelo. Vale la pena imaginar aquellos debates y qué argumentaciones serán medulares.

Obama tendrá ventajas: su experiencia de senador y orador. Una obra de cuatro años que presenta conquistas no desdeñables ya fue expuesta en la convención del partido, entre otros, por Bill Clinton. Necesariamente, Obama insistirá en el estado en que él encontró la nación, como consecuencia de las políticas de George W. Bush.

Tratando de olvidar aquellas circunstancias, el republicano Romney acusa a Obama de haber endeudado a Estados Unidos. Es todo lo contrario. Y si, en efecto, la actual administración invirtió cuantiosos recursos en el rescate de la banca, el hombre de negocios que es Romney debería considerar lo que hubiera ocurrido en Estados Unidos y en el mundo si ese rescate no se hubiese llevado a efecto en su momento. La crisis fue generada por la permisividad de Bush frente al gran capital, y por cerrar los ojos ante lo que se veía venir. Si Obama no ha avanzado con mayor celeridad es porque superar la situación heredada ha sido demasiado arduo.

Muestran las encuestas, asimismo, una cierta preferencia de los ciudadanos por el Partido Demócrata. Es comprensible que aparezcan como los políticos de mayor sensibilidad frente a los problemas. Ante la tesis de los republicanos de que el Estado intervenga lo menos posible, los demócratas sustentan la contraria. El Estado no puede desentenderse de los problemas sociales y dejar a la deriva a la gente. Como dijo Michelle Obama en la convención, “lo que importa es la gente”. En esto radica la diferencia y probablemente determinará la ventaja. En la solución de los problemas de salud y en la garantía de seguridad social para todos está el meollo. También se anota que en política exterior Obama aparece con más capacidad para manejar las crisis.