• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Nicolás y el apocalipsis

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No sería por dárselas de taquititaqui, ni por su modo de andar sin pisar tierra –que no oculta el tumbao del guapo y apoyado, al estilo de Pedro Navaja versión Armani (u otra marca que los rojos pueden comprar mas no saben lucir)– que el gobierno de Estados Unidos le impuso a Tarek William Saab una alerta migratoria nivel 1, a través de la Interpol. Por supuesto que no, y él mismo reconoce que no se trata de un error, sino de una acción deliberada.

De ser así, algún esqueleto habrá en su armario, como sin duda huesos hay en los clósets de los funcionarios y militares chavistas sobre los que pende, desde hace mucho tiempo, la espada de Damocles de una investigación por parte de la DEA o, en algunos casos, de órdenes de captura.

En lo que concierne al vate Tarek William Saab es justo advertir que no se ha hablado de drogas y no están claros los motivos por los cuales las autoridades mexicanas dieron curso a los requerimientos de la organización policial internacional.

El defensor del pueblo (¿?) y presidente del Consejo Moral (¿?) Republicano se ha mostrado indignado por lo que considera un vejamen y un irrespeto a la majestad de su alta investidura. Maduro, por su parte (no podía ser de otra manera), lo acompañó en sus sentimientos, pero esa previsible reacción no despeja las dudas de que, a pesar del desmentido mexicano, cuando el río suena es porque en sus sonoras aguas viene arrastrando piedras rojitas.

La solidaridad automática con sus amigotes por parte del señor Maduro – reflejo condicionado por prácticas del tipo “a mis camaradas, sin importar lo que hagan, ni con el pétalo de una rosa aunque sea roja– no se hizo esperar: “Yo no voy a permitir que toquen ni un solo hombre o mujer que tenga funciones y esté al frente de actividades de la institucionalidad de la democracia (…) Lo único que pedimos es absoluto respeto. Es un abuso de la Interpol, de Estados Unidos, pretender cualquier cosa con Tarek William Saab”, dijo Maduro en su acostumbrada aproximación al castellano.

El incondicional apoyo a la gestión del bardo y la irrestricta confianza en un compañero de ruta no son motivos de sorpresa, pues el jefe civil del régimen militar nos tiene acostumbrados a tales salidas. Lo que asombra es la metafórica advertencia que le susurró alguno de los copleros enchufados en el Rómulo Gallegos o la Casa de Bello: “Si la injusticia imperial toca a un solo hombre, a una sola mujer de la revolución bolivariana, mil volcanes se escucharán en el mundo”.

Como si fuese Vulcano, el señor Maduro fragua desde el Cuartel de la Montaña ígneas amenazas cuyos estallidos harían palidecer las erupciones de los volcanes Vesubio, Krakatoa, Tambora, Changbaishan, e incluso el furor del Katmai que, en Alaska, dio origen al Valle de la Mil Chimeneas.

Océanos de lava, predice Maduro, sepultarán el imperio del mal y entonces, con la bendición del redentor de Sabaneta, de las apocalípticas cenizas de su venganza se elevará la paloma de la paz para proteger a Tarek. ¡Ay!