• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Navidad con hiperinflación

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En Venezuela “se prevé que la inflación aumente a niveles que podrían indicar un riesgo de hiperinflación”, afirmó la directora-gerente del FMI, Christine Lagarde, en una entrevista publicada en El Nacional este domingo. Esto significa que el alza de los precios –y el consecuente empobrecimiento de los consumidores– va en aumento. También que el desenlace de este flagelo pudiera desembocar en la tragedia de una hiperinflación.

El silencio del Banco Central sobre el aumento de precios durante este año impide realizar un diagnóstico preciso. Peor que el silencio es la paralización del gobierno en materia económica. Ante una situación sobre la que alertaron muchos economistas y nos referimos varias veces en este espacio editorial como una “espiral inflacionaria”, el gobierno se hace la vista gorda y acusa a quien primero se les ocurra de los padecimientos de la ciudadanía ante la pérdida de su poder adquisitivo.

Mientras tanto, el problema va creciendo. Ayer se publicó que el incremento de precios de la canasta básica, según el Cendas de la Federación de Maestros, fue en agosto de 20,9%, dato escandaloso, que antes se consideraba excesivo para todo un año. La cifra anual entre agosto de este año y el mismo mes de 2014 llega a 220,3%, cifra sin precedentes, de acuerdo con el mismo estudio.      

Otras cifras extraoficiales (las oficiales son secretas), indican que el índice de precios al consumidor se ubicó al cierre de septiembre en 16,9% y que la inflación anualizada sería para la misma fecha de 179,5%. Cabe acotar que el índice de precios al consumidor y la cesta básica son diferentes entre sí. La cesta básica abarca los bienes y servicios prioritarios, mientras que el índice de precios al consumidor incluye un universo más amplio.

Estamos ante datos astronómicos que hubieran sido inimaginables hace pocos años. La inflación, cuando alcanza tales niveles, se alimenta a sí misma y si no se adoptan medidas correctivas puede llegar a un extremo en el cual los consumidores quieran salir de sus bolívares (¿fuertes?) porque cada día se reduce su valor. Ahora 100 bolívares ya no valen ni medio y con más precisión, ni una puya.

Todo esto sin considerar la escasez y las colas. Pero, como dijo la señora Lagarde, “la economía venezolana no se ve afectada por un solo problema económico importante. Venezuela se enfrenta a varios problemas y ciertamente la situación económica parece ser muy grave y se ha deteriorado en los últimos meses”. Una confirmación de lo anterior es el pronóstico de la Cepal, de que la economía venezolana tendrá un crecimiento negativo de 6,7% durante 2015.

Pero eso no es lo más grave. La caída se hará más pronunciada si no se adoptan las medidas que pudieran evitar un colapso total, el cual afectará todavía más la calidad de vida de los venezolanos. Estaríamos ante lo que dice la directora gerente del FMI (con lenguaje diplomático pero con sobrada razón) en riesgo cierto de una hiperinflación. ¡Que Dios nos agarre confesados!