• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Navidad cruel

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Si tristes son los días del invierno en el norte de este continente, no por ello dejan de afectar a la tropical Cuba. El escritor Leonardo Padura Fuentes, de impresionante relevancia internacional pero lejano y oculto entre los cubanos hasta hace poco (apenas este año recibió el premio nacional), ha relatado el resultado de las brisas traidoras que recorren el malecón de La Habana y de qué manera encogen las almas y obligan al vigor ardiente del ánimo cubano a buscar refugio en apartamentos y bares.

Así estamos nosotros, a la espera de los vientos fríos, inesperados y fúnebres de La Habana, que pueden entumecer nuestras almas y nuestras vidas y decretar meses de inestabilidad o de negociaciones sensatas entre los sectores sociales y políticos que dominan el país actualmente y que, de alguna y lógica manera permitan manejar una situación que, por encima de todos los intereses de facciones en pugna, abran la puerta del reconocimiento entre venezolanos, que no son distintos sino que luchan por objetivos diferentes.

Es posible que en estos días navideños exista un largo proceso subterráneo que pida el abandono del odio, que termine por excluirlo como consigna y médula de la acción partidista de la vida diaria del venezolano por innecesario y dañino políticamente.

Los herederos de Chávez, ante la inhabilitación del comandante o de su largo proceso de rehabilitación, están frenéticos porque la mitad del país les exige una explicación de sus conductas y de su forma de actuar dominante. Sin un jefe único, poco o nada se puede hacer para restablecer las jerarquías del poder en el modelo chavista y se pone en duda, desde una gran parte del país, qué tan buenos son sin la mano del jefe del Estado en el hombro.

Más le vale al oficialismo llevar a la práctica una reconciliación, que para ellos funcionaría como una bombona de oxígeno. Sin Chávez o sin su figura actuante, ya no será posible crear una unión egoísta y despreciativa contra el resto de los venezolanos, ese discurso rodará escalera abajo.

Si se arriesgan por ese camino será una convocatoria a los demonios que han amamantado, pero que son incapaces de controlar. Existen grupos en el 23 de Enero con armas que usan a su leal y entender, interpretando el pensamiento de Chávez en su forma más extremista, pero rotundamente más cercanas a su control paramilitar de las zonas para cobrar vacunas y ejercer el sicariato contra civiles y militares.

Venezuela entera, rojita, opositora o independiente, necesita y pide un gesto de paz y reconciliación que sólo puede ofrecer el Gobierno y su Presidente. El diputado de AD, Edgar Zambrano, que ha conducido una larga lucha para liberar a los presos políticos, cree que “el proceso que atraviesa el mandatario puede sensibilizarlo”. Además “confía en que el jefe del Estado haya dejado instrucciones para beneficiar a las personas afectadas por decisiones judiciales”. Ver para creer, pero la puerta está abierta.