• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Por desgracia o quizás por ventura, la VII Cumbre de las Américas, que se inaugura hoy en Panamá, gozará de la atención mundial tanto por su modalidad de convocatoria abierta a los diversos grupos sociales que luchan en el continente por superar los graves déficit humanitarios tanto en educación, derechos humanos, condiciones carcelarias y maltratos a los privados de libertad, así como las grandes desigualdades que permanecen inamovibles y limitan el desarrollo y la libertad.

Y decimos por desgracia porque, a pesar de la importancia de estos temas, es casi seguro que la gran noticia de esta cumbre sea el encuentro que Raúl Castro y Barack Obama sostendrán en el transcurso de las sesiones programadas para este fin de semana en Panamá.

Con este abrazo entre los viejos rivales se pone fin no sólo al rompimiento de relaciones entre los dos países cuya historia tiene tanto en común, sino a un foco permanente de conflictos y muertes, de enemistades y maniobras oscuras casi siempre guiadas por el objetivo de mantener (de parte y parte) el famoso bloqueo a la isla que, como todos terminaron entendiendo, llegó a ser la gran excusa que Fidel Castro para justificar su cadena de errores y ocultar que siempre fue un inepto como gobernante.

La cumbre de Panamá es el velorio anticipado de una dictadura cargada de crímenes, de hambre, de destrucción y atraso, y especialmente de un modelo fracasado y prehistórico. En anteriores cumbres la perfidia de Fidel Castro siempre antepuso su protagonismo antes que el hermoso objetivo de la unidad latinoamericana. Siempre fue el estratega que con muchos meses de anticipación abonaba el terreno para hacer fracasar cualquier intento de limar las asperezas entre países hermanos.

Por fortuna, la realidad se ha ido imponiendo y parapetos como Mercosur (hoy hundido en el pantano de la más espantosa corrupción) y Unasur, desde sus inicios en manos de pillos de siete suelas, se han deteriorado a una velocidad impresionante por haberse convertido en juguetes de la política cubana y del financiamiento chavista que hoy tiene a Venezuela prácticamente en manos del crimen organizado, que actúa a sus anchas ya sea en el narcotráfico, en la corrupción, en la violación de los derechos humanos, en la burla de la Constitución Nacional y en el empobrecimiento moral de nuestro sistema judicial.

Las ONG, las asociaciones de profesionales, los estudiosos de la realidad latinoamericana, compararán cifras y descubrirán las grandes mentiras del populismo, del rosario de engaños que han profundizado la pobreza, la inseguridad y el abandono de nuestros pueblos en manos de corruptos y demagogos.

Hoy, por suerte, ya no se puede hablar de una América dividida horizontalmente en norte y sur. Otra realidad surge como un corte vertical que va desde el norte al sur, hacia otro océano y otros polos de desarrollo que se activan cada vez más en el Pacífico. Ni Bolivia, ni Brasil, ni Argentina, ni Venezuela ni Cuba van para el baile.