• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Motocinismo

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Parece que al fin las autoridades cobraron conciencia de un mal que ellas mismas generaron, como ha sucedido siempre que tratan de solucionar un problema: nos estamos refiriendo a los motorizados, ese vendaval que la demagogia chavista multiplicó a placer con su irresponsable e indiscriminada entrega de motocicletas a toda suerte de revoltosos dispuestos a respaldar, con su agresiva presencia, el proyecto bolivariano.

Pero luego de crear este caos, el gobierno abandonó a estos motorizados a su suerte al punto de que todas las promesas que les hicieron las lanzaron al olvido y sólo se acuerdan de ellos cuando los quieren usar contra la población.

En cambio, cualquier motorizado que trabaje en el área privada tiene mayor protección social y económica, y se le fijan normas de convivencia y respeto pues no representan a un sector político ni militar.

No se puede tildar de estorbo ni mucho menos de delincuente a todo aquel que conduce una moto. En el pasado el empleo de los motorizados se derivó de severas deficiencias en el correo y mensajería, las cuales eras suplidas por un motorizado que se ganaba honestamente el pan con su lleva y trae.

La evolución de las comunicaciones desplazó a los motorizados a otras áreas como la del transporte, y así hizo su aparición el mototaxista. Pero también una nueva modalidad delictiva: el “motobanquismo”.

¿Cómo diferenciar a quienes usan sus motocicletas para procurarse honestamente su sustento de aquellos zánganos que las utilizan para sembrar el miedo? Esa es una pregunta que los altos funcionarios, con el general Rodríguez Torres a la cabeza, no son capaces de responder.

Como siempre, decidieron imponer regulaciones que limitan los movimientos de los motorizados pero que, por desgracia, nunca son cumplidas porque nadie se encarga de hacerlas cumplir. Igual sucede con las busetas y taxis, el sistema de metrobuses y hasta los mismos peatones que van por la libre, haciendo lo que les da la gana.

Los motorizados tienen derechos y es bueno que sepan que también tienen deberes con los ciudadanos. Recordemos que el 5 de octubre de 2011 se publicó en la Gaceta Oficial número 39.771 un reglamento que establecía obligaciones para los motorizados que nunca se cumplieron.

Las regulaciones per se no son perjudiciales, lo pernicioso es no darse cuenta, por ejemplo, de la cantidad de motorizados que fungen de escoltas a cuanto funcionario existe y que podrían estar prestando servicios de prevención y combate del delito.

Por lo demás es bueno recordar que en aquella Gaceta 39.771 había un reglamento que establecía ciertas obligaciones para los motorizados (como el uso del casco, o la prohibición de emparrillar niños), pero que quedaron en el olvido.

Ahora las autoridades se abocan a tratar un aspecto, apenas uno y no el más relevante, de un problema monumental… ¡o moto mental!