• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Momento decisivo

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Una de las características resaltantes de la oposición es su ceguera para identificar a tiempo los momentos favorables para su desarrollo como fuerza de poder y de cambio en la Venezuela chavista. Ello se traduce en una persistente incapacidad tanto para avanzar en los tiempos en que las fuerzas del oficialismo lucen debilitadas y divididas, como también para articular una política de consolidación y resistencia cuando el Gobierno y sus organizaciones se muestran desafiantes.

Vivimos unos de esos momentos y, como ha ocurrido en el pasado, vuelven las fuerzas oficialistas a mostrar una fortaleza que no sólo no existe sino que apenas resiste el empuje unitario de una oposición consolidada alrededor de un objetivo: el rescate de la democracia.

Se está perdiendo un tiempo valiosísimo en discusiones que pueden esperar y madurar en el tiempo mientras que el momento histórico exige más acción, más pasos prácticos y concretos, tácticas más eficaces y elaboradas tomando en cuenta los errores del pasado inmediato.

Pareciera que ceder en una batalla ha significado perder la guerra, cerrar a cal y canto un rumbo y no, como es lo lógico y lo sensato, enderezar la carga y continuar el camino elegido porque es el único posible y el que representa los valores fundamentales por los que siempre hemos luchado los venezolanos.

Luce fácil y rápido leer estas afirmaciones, aceptarlas o indignarse ante ellas, pero lo verdaderamente difícil es romper esa muralla que se ha levantado entre nosotros mismos, en el sentido de que somos enemigos hasta de nuestras propias sombras y desconfiamos de todo aquel que no acepte totalmente nuestras interpretación de lo que está pasando.

La propaganda del oficialismo ha creado un clima de incertidumbre que siembra en la oposición un clima de miedo y derrota. Nadie se plantea lo contrario: que el oficialismo atraviesa por los mismos miedos e incertidumbres que no obedecen a una propaganda de la oposición, sino al propio conocimiento que ellos tienen de la debilidad de sus fuerzas electorales atadas a un hilo endeble que el tiempo puede romper: el carisma de un líder y los hasta ahora inagotables recursos del petróleo.

Esos dos pilares están mostrando las grietas del tiempo y un acelerado desgaste. ¿Estamos preparados para nuevos escenarios políticos sin abandonar y consolidar la vía electoral que, quiérase o no, ha sido la gran bombona de oxígeno que el oficialismo no ha podido cerrar y por la cual sobrevivimos en medio de un asalto feroz contra la Constitución?

Las elecciones del 16 de diciembre son esenciales para la oposición, como lo son también la integración de los consejos legislativos regionales que pueden coadyuvar a una reforma constitucional que la oposición rechaza. También las elecciones municipales deben ser peleadas ciudad por ciudad, pueblo a pueblo. Los tiempos de una jornada democrática son largos y exigentes. La premisa es ganar.