• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Mitin con Bolívar

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Bolívar no fue el objeto de las celebraciones para conmemorar su natalicio. Lo sentimos en los rincones del discurso, pero sólo en los rincones. Estuvo apenas a ratos, casi como si no estuviera. Maduro apenas se paseó por la biografía del Libertador en vistazos que dejaron mucho qué desear.

En el acto de la Asamblea Nacional celebrado en Maracaibo sucedió lo mismo: apenas le permitieron asomarse, a pesar de que se trataba del motivo central del homenaje. En materia de ceremonias, por lo tanto, la revolución se ha ocupado de convertirlas en una cosa distinta y, en ocasiones como esta, deplorables.

Que Bolívar sea objeto de manipulación no es hecho reciente.

Andamos en eso desde el siglo XIX, pero en esta ocasión los altos poderes del Estado no se reunieron para celebrar el advenimiento del héroe sino para festejar los logros de la revolución. La revolución ocupó el primer plano, mientras solamente se permitió al Libertador apariciones fugaces.

La revolución es la verdadera historia de Venezuela y sus líderes son las grandes figuras de la actualidad, más importantes que las del pasado histórico, según se desprende de la retórica que sonó en nuestros oídos el 24 de julio. Jamás se había presenciado un despropósito de esta magnitud desde la fundación de la república. Ni siquiera lo hizo de manera tan burda Guzmán Blanco, quien era experto en darse bomba para que lo consideraran como el portento de la historia.

Abundaron las referencias al comandante supremo, por supuesto, hasta convertirlo en el centro de la liturgia cívica. Él viene a ser el verdadero Libertador, según los oradores de orden, mientras el otro, el que hizo de verdad la Independencia, se reduce al papel de antesala de la maravillas del líder del socialismo del siglo XXI. La lucha contra el imperio español viene a ser una nimiedad, por consiguiente, debido a la trascendencia de las extraordinarias batallas que ahora se libran contra el Tío Sam.

La celebración también se dedicó a atacar las fuerzas opositoras. Ante la falta de un Morillo, rival de segunda, según la retórica revolucionaria, la pólvora se dirigió contra los líderes de la MUD a quienes se debe derrotar en hazañas superiores a Carabobo y Maracaibo. Una lluvia de descalificaciones e insultos brotó de los labios de quienes hablaron en las ceremonias, pretendiendo que los venezolanos creamos que por fin se ha retomado el hilo de una epopeya que llegará a la cima después de acabar con enemigos monstruosos.

Para eso quedó el Libertador. A eso lo reduce la revolución "bolivariana". La figura primordial se convierte en segundón, el prócer es opacado por el prócer de turno, la Independencia de ayer depende de la supuesta independencia de hoy porque lo importante es seguir con el mitin gigantesco a través del cual pretende el Gobierno ocultar su colosal mediocridad. Para eso quedaron las ceremonias cívicas.