• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Miliciano que vas a la guerra

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De acuerdo con los cálculos de los expertos, el ejercicio militar Independencia II-2016 costó la módica suma de 26,6 millones de dólares. No hay plata para comida y medicinas, pero sobran los recursos para una ostentación militar. Los hospitales están quebrados, pero abunda el dinero para simulaciones bélicas. Si esta es la realidad, debemos reflexionar sobre los motivos de un gasto tan injustificado y excesivo.

La afirmación oficial de que se trataba de una demostración de patriotismo, ante la alternativa de una inminente invasión que promueve el imperialismo, debe ser descartada. Ninguna evidencia, ni grande ni pequeña, sostiene la peregrina hipótesis. Las potencias extranjeras no tienen interés en posesionarse del territorio venezolano, ni en deponer al régimen, a menos que quieran meterse en un infierno de odios, desesperanzas y penurias que solo un gobernante tonto y loco busca. Venezuela no encabeza la lista de precedencia de los Estados a los cuales habitualmente se atribuyen las ganas de mandar más allá de sus fronteras. Al contrario, prefieren observar los eventos con catalejos, mientras las fuerzas de sus factores de opinión y de sus instituciones las arreglan sin meterse en camisa de once varas.  

Entonces, ¿cuál ha sido el motivo de esas evoluciones castrense en diversos lugares del mapa? En primer lugar, demostrar una capacidad de organización que se puede comprobar con asomarse a la ventana. Si se trataba de que propios y extraños se sorprendieran ante la exhibición de 520.000 combatientes, Maduro y sus oficiales lo lograron con creces en poco tiempo. Echaron a la calle a una muchedumbre de uniformados, en una muestra de efectividad sobre la que no se pueden albergar dudas y a través de la cual se pretende probar la fortaleza política. En segundo lugar, llamar la atención sobre la existencia de una fidelidad sin fisuras en el interior de los cuarteles. Si alguien pensaba en la incomodidad y en la insurgencia de ciertas bayonetas alejadas del proyecto “bolivariano”, la marejada verde oliva quiso afirmar lo contrario.

Así las cosas, aquello fue una muestra orientada solo hacia lo doméstico, un llamado de atención a la sociedad, la necesidad de ofrecer una evidencia de que el madurismo tiene colmillos de sobra, afilados, disciplinados y dispuestos a cebarse en el pellejo de los venezolanos. Obama no es el asunto. Rajoy no es el asunto. La OEA y la ONU no son el asunto de estas marchas con armas y bagajes. La opinión pública del mundo no es el asunto. El asunto somos nosotros, los ciudadanos de oposición que clamamos por el referéndum revocatorio de Nicolás Maduro, es decir, por soluciones pacíficas y legales.

Debido a que todo indica que ese paso contemplado en la Constitución nacional conducirá necesariamente a provocar la mudanza del inquilino de Miraflores, el régimen se dio el lujo de derrochar 26,6 millones de dólares para tratar de evitarlo.