• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Mentiras y videos

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En una maratón celebrada recientemente bajo los auspicios de la Mesa de la Unidad se intentó contar el número de promesas que, a lo largo de su interminable mandato, ha formulado el actual gobierno sin que, hasta el día de hoy, se haya cumplido alguna de ellas. Es impresionante la lista de ofrecimientos hechos por el sujeto que nos mal gobierna, y que no pasaron de vallas, maquetas y primeras piedras; y más impresionante aún el que, dado lo estrafalario de muchas de ellas, haya gente que se los haya creído.

Tras catorce años de delirantes ocurrencias, el régimen se topa con que ha dado razón a Francisco de Quevedo, a quien se le atribuye haber dicho que "nadie ofrece tanto como el que no va a cumplir".

Sin embargo, su capacidad de prometer no se ha agotado, por el contrario, se ha magnificado. Ahora su compromiso es hacer de Venezuela una potencia mundial y, por si semejante desvarío no fuese suficiente, se propone salvar el planeta. Sin sentido de las proporciones no parece conformarse con estas desmesuras y amenaza con profundizar el socialismo, sin explicar en qué consiste tal profundización.

A las promesas se suman las mentiras. Mentiras en cuanto a lo realizado a lo largo de su gestión que, amparándose en la ley resorte, son difundidas sin un ápice de vergüenza por medios públicos y privados.

Mentiras maquilladas por actuarios y estadígrafos que manipulan no solo cifras, sino que malinterpretan conceptos que no entienden, como el índice de Gini que mide la igualdad o la desigualdad en la distribución de la riqueza de y al que se aferran sin saber si el vaso está medio lleno o medio vacío, porque pareciera que sí, que aquí ha descendido la desigualdad, pero desde abajo y no desde arriba; mentiras embellecidas por publicistas que distorsionan hechos y, sobre todo, por la desfachatez de un jefe de Estado que no vacila en encadenarse para mentir.

Mentiras sobre sí mismo para delegar en quienes le secundan la forja de documentos falsos y la elaboración de teorías conspirativas que pretenden endilgar a la oposición. Y, como el castigo del embustero es no ser creído, aun cuando diga la verdad (decía Aristóteles), apelan a los videos con la bobalicona convicción de que una imagen vale más que mil palabras y montan un circo que se les revierte con la misma rapidez con la que procedieron a dar por sentado que podían dañar la reputación y la honestidad del abanderado de la oposición. Capriles se deslindó con altura del diputado Caldera quien, de paso, resultó ser un hueso duro de roer para el chavismo que no contaba con el guáramo que éste demostró tener.

Promesas, mentiras y videos son el sustento para la reelección.

Promesas que no habrán de cumplirse, mentiras lanzadas con la esperanza de que la repetición las haga creíbles y videos que ponen en evidencia la calaña de sus promotores no parecen bastar para detener lo que ya se prefigura como una avalancha de votos contra la peor gestión gubernamental que haya tenido nuestro país en toda su historia.