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EDITORIAL

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Mensalao

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Fue una revista, Veja la que llevó a cabo la investigación original sobre el escándalo de las “mensualidades”, llamado “mensalao” en Brasil. Eso sucedió en septiembre de 2004, y es ahora que la denuncia está dando sus frutos amargos. La cuestión consistía en la compra de votos en el Congreso para lograr la aprobación de las  leyes presentadas por el gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva. El cerebro detrás de la operación fue el jefe de la Casa Civil de la Presidencia, José Dirceu, personaje de notable influencia y mano derecha del jefe del Estado. 

33 líderes políticos, ex funcionarios, ex parlamentarios, fueron procesados, algunos eximidos y otros condenados. Entre los condenados está José Dirceu. Puede tener una sentencia de aproximadamente veinte años. Otro culpable es el presidente del Partido de los Trabajadores, José Genoino, el partido fundado por Lula y principal fuerza que lo llevó al poder.

Este escándalo ha conmovido a todo el Brasil, y nadie ha sido ajeno a su desarrollo. Ahora su desenlace tiene diversas implicaciones. Por una parte,  el Poder Judicial parece reivindicarse y destacarse como un verdadero poder del Estado, autónomo y capaz de ir más allá de las influencias de los poderosos. Es, paralelamente, trágico porque se trata de un partido popular de enorme significación e influencia en Brasil, que ha llevado a cabo un cambio social y económico sin precedentes. Bajo Lula y bajo Dilma Roussef, alrededor de treinta millones de brasileños han sido rescatados de la pobreza y forman ahora la clase media.

Una obra de tanta envergadura histórica termina siendo empantanada por la corrupción. Los viejos partidos se van contaminando, es lo usual. Pero que un partido joven y recién llegado al poder haya apelado a estas terribles prácticas, no puede dejarse impune. El Partido de los Trabajadores renacerá de esta terrible experiencia. Para la política y para la justicia en Brasil el desenlace del proceso es aleccionador. Funcionan los poderes, funciona la democracia. La mandataria Roussef, consciente de los riesgos de la corrupción, ha sido implacable desde la Presidencia.

Ahora están en el proceso de elecciones municipales en Brasil. El ex presidente Lula cometió el error de afirmar que el escándalo del “mensalao” no afectaría a los candidatos del PT. Fue algo más que un error, porque equivalía a quitarle jerarquía al proceso. Una especie de absolución. Lula declaró: “El pueblo no está preocupado por eso. El pueblo está preocupado por si el Palmeiras (el equipo de fútbol) va a descender o si Fernando Haddad va a ganar”.

No obstante, los resultados preliminares de las elecciones parecen desmentir al popular e influyente ex presidente. Lula se equivocó porque el pueblo brasileño no está pendiente del fútbol a la hora de votar, sino de la moral de los candidatos. Es aleccionador el proceso. Pero no ha sido aleccionador el comportamiento del ex presidente Lula. Se equivocó otra vez.