• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Mazazos bochornosos

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El diputado Diosdado Cabello maneja una página en el diario Vea, porque le interesa comunicar la verdad. “La verdad es esencialmente revolucionaria”, reza una solemne sentencia en el encabezamiento del extenso escrito que nos brinda semanalmente para la divulgación de la virtud que le sirve de emblema.

Nada más noble que semejante intención, en especial si se ha hecho cargo de su encarnación un representante del pueblo que antes fue presidente de la AN y ostenta el cargo de vicepresidente del PSUV. Con semejante historial, lo menos que puede hacer es ocuparse con esfuerzos heroicos de la expresión de versiones transparentes y elevadas del entorno, no faltaba más.

Pero no se entusiasmen antes de tiempo, respetados lectores, no lancen vítores tempranos al custodio de las certidumbres y las certezas, hasta que no se detengan en el tipo de ellas que tiene la osadía de ventilar en la prensa. No son informaciones como para ufanarse de publicarlas, mucho menos para colocarlas al servicio de una causa noble. Para muestra un botón.

En su edición del 5 de febrero, en una sección denominada “Los mazazos”, escribe el diputado Cabello: “Anda buchón: Miguel Henrique Otero se fue de shopping en Bogotá. Patriota ‘Varito’ nos informa: El martes 2 de febrero de 2016, Miguel Henrique Otero se hospedó en el Hotel Four Seasons, ubicado en la calle 13 con calle 85 de Bogotá, donde la habitación más barata cuesta 460 dólares. Muy preocupado por la situación del diario El Nacional, compró un traje en la tienda Villa Romana ubicada en el Centro Comercial Andino, posteriormente compró una camisa en la tienda Gino Pascalli y para relajarse un poco, entró a tomar un café en el Starbucks. Todos los gastos fueron pagados con una tarjeta de crédito Visa”.

La verdad es que ese amor platónico de Diosdado por Miguel Henrique no parece tener fin, es una llama que arde minuto a minuto en su corazón. Lo sigue al estilo cinematográfico de una protagonista celosa, contrata a un detective privado para que descubra sus presuntas infidelidades, le molesta que se compre una camisa nueva sin consultarle el color ni la marca. ¡Ay, chamo!

Pero, lo cierto es que estamos ante la descripción minuciosa de la vida privada de un ciudadano venezolano que puede hacer lo que le parezca con su tiempo y con su dinero, mientras no falte a la ley ni lesione intereses ajenos. Pero es un caso de espionaje digno de mejor causa, porque no se ocupa del descubrimiento de conspiraciones ni de negocios sucios, sino del pacífico devenir de un adversario político.

Suponemos que Cabello no pedirá celosamente la extradición de nuestro presidente editor porque durmió en hotel “imperialista”, o porque compró un traje y una camisa “apátridas”. Intenciones de esa memez pueden caber en su cabeza, a menos que escriba para publicitar una marca de tarjeta de crédito, porque luego de la derrota está pelando.

Para el diputado Cabello no son necedades, lamentablemente, sino delitos o pecados en cuyo ataque cumple una labor revolucionaria.