• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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¿Masacre virtual?

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Una de las habilidades (o debilidades, según se mire) de este gobierno es la de eludir la realidad para situarse en planos alternativos y contextos existenciales difíciles de definir —¿astrales, paranormales, extrasensoriales?— y no digamos ya de aprehender. O cuando no tiene más remedio que enfrentar el acontecer cotidiano y ofrecer explicaciones sobre lo mucho que hace mal y lo que ha dejado de hacer, se instala en una dimensión desconocida y apela al lenguaje ciberespacial, no sólo para justificar sus yerros y omisiones, sino para inventar teorías conspirativas e imputar al “enemigo” —la derecha endógena, la oligarquía colombiana, los nerds de Florida, los señoritos del PP español y, por supuesto, el emperador Barack Obama— las causas de su fracaso.

Por estos días, con el bagazo que va quedando del populismo bolichavista, se han celebrado enigmáticos rituales in memoriam en la cripta donde se cree yace en clamor de eternidad el santo patrón de la revolución militar (y que bonita) y, también, en el Teresa Carreño —complejo otrora cultural y, desde hace años, sede de cuánta ocurrencia pasa por la sesera de los dirigentes del PSUV para incentivar el manguareo—, un foro con la participación de Evo Morales, Daniel Ortega, Salvador Sánchez Cerén y mandatarios antillanos de menor cuantía para, junto a Nicolás Maduro, compartir hipócritas pareceres y derramar lágrimas de cocodrilo en relación con el “liderazgo del fallecido presidente en la promoción de la integración en América Latina y el Caribe”.

Ambas ceremonias han de inscribirse en lo que podríamos llamar espacio-tiempo posmortem (desde el cual el acontecer nacional pasa a ser materia de orden subalterno) que, además del valor simbólico que pudieran tener, no pueden disimular su condición de cortinas de humo para camuflar el golpe judicial en progreso que lleva a cabo el máximo tribunal del país pasando del derecho al hecho.

Esa afición a la abstracción la transmite Nicolás a sus conmilitones. No asombra, por tanto, que el gobernador del estado Bolívar, Francisco Rangel Gómez, haya despachado como “masacre virtual” la desaparición y probable asesinato de una treintena de mineros aposentados en Tumeremo (un “pueblo sin ley” según la prensa internacional) masacrados, según relata El País de España, “por una banda de delincuentes, liderados por un individuo conocido como El Topo, que pretendía ocupar el yacimiento de oro descubierto en el fundo Atenas, en la vía que comunica con Guasipati”.

No debe ser tan virtual la escabechina denunciada por Andrés Velásquez y avalada por familiares de las presumibles víctimas, pues, de lo contrario, el Ministerio Público no habría designado a dos fiscales para que indaguen sobre la veracidad de un hecho que el régimen aún no reconoce.

Sin embargo, no está de más recordarle a Nicolás y sus gorilones rojos que “por la boca muere el pez” y quedarían mejor parados si supiesen guardar silencio, aunque sea el que, por respeto, se le tributa a los muertos.