• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Mario, el incansable

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No es Mario Vargas Llosa cualquier latinoamericano. Admirable en su prosa y en el resto de su producción literaria, admirable en sus preocupación constante y valiente por el destino de América Latina, divulgador incansable del saber y los escritos en otros idiomas, pionero en desenmascarar el cinismo y la mentira de la revolución cubana, lo cual significó no pocos insultos y descalificaciones, Mario Vargas Llosa es hoy el triunfo de la verdad y la recompensa moral de los latinoamericanos.

La red de mentiras que desde Cuba se tejió contra él terminó convirtiéndolo en una personalidad mundial y no impidió que lograra lo que bien se merecía: el Premio Nobel de Literatura, galardón que nos enorgullece a todos. Es por ello que los miles de seguidores que leen su columna con regularidad le dan especial importancia a sus rotundos diagnósticos de la situación de nuestra región.

Son referencias obligatorias sus opiniones y, sobre todo, su capacidad optimista de ver hacia el futuro que se van a desmoronar en la región latinoamericana las ideologías autoritarias, las prácticas económicas demagógicas que terminan produciendo más pobreza y menos bienestar para millones de seres humanos.

En su columna del domingo pasado que escribe con regularidad para una multitud de medios incluyendo El Nacional, dejó claro lo que entiende como la “muerte lenta del chavismo”. En su análisis plantea lo que sucederá en Venezuela, luego de que se proclamara a Nicolás Maduro como Presidente de la República, con dudas razonables sobre su triunfo y bajo la complicidad del Consejo Nacional Electoral, poco probo y desleal con la mayoría de los venezolanos.

Alerta Vargas Llosa sobre la arremetida del régimen contra la oposición, como expresión de lo que entiende como “la incapacidad de Nicolás Maduro para liderar un sistema sacudido por censuras y rivalidades internas, y explica los exabruptos y el nerviosismo que ha llevado a los herederos de Chávez a mostrar la verdadera cara del régimen”.

Lo mas grave de su artículo es que lanza una advertencia lógica para cualquier analista que conozca la historia del poder en el continente y especialmente los expedientes macabros de la revolución cubana. Advierte, como una opción ante la radicalización y la violencia del discurso oficial que ante una impopularidad creciente del régimen y refiriéndose a María Corina Machado, dice que es posible que el Gobierno “le organice un accidente, la encarcele o la haga asesinar. Y es lo que puede ocurrirle también a cualquier opositor, empezando por Henrique Capriles, a quien la ministra de Asuntos Penitenciarios acaba de advertir que tiene listo el calabozo donde irá a parar”.

Si esa idea prosperara en la mente de cualquier burócrata fanático nos conduciría a la antesala de un conflicto de incalculables dimensiones que la gran mayoría de los venezolanos chavistas y opositores no están dispuestos a permitir.