• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Margarita hundida

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La testamentaria repartición de gobernaciones que hizo Chávez entre sus conmilitones, cual se tratase de un botín de guerra, le deparó a Nueva Esparta un mandatario que no ha entendido -y pareciera que no la entenderá nunca- la importancia del régimen de puerto libre para el único estado insular de Venezuela. Esa incomprensión parece compartida por el siempre sonriente ministro de Turismo, quien, si pensase la mitad del tiempo que le dedica a reírse, no propondría tanta sandeces cada vez que tiene la ocasión de hablar sobre el futuro de Margarita.

Estamos ya en plena temporada y, como evidentemente no hay dólares para satisfacer los requerimientos del comercio, principal atractivo del puerto libre, el visitante -si se decide a optar por Margarita y no por otros destinos del Caribe- encontrará escasa calidad y poca variedad en los productos y mercancías cada vez más caros y menos apetecibles.

Queda para la nostalgia aquella profusión de marcas y la inmensa variedad de bebidas y delicatesen que a precios sustantivamente inferiores a los de tierra firme se ofrecía en tiendas como la Media Naranja y en bodegones de grata recordación como Ingo, locales a los cuales se acudía con la certeza de que siempre se haría una buena compra. También quedan para el recuerdo las intenciones de quienes proyectaron el Puerto de la Mar como motor de la rehabilitación urbana del centro de Porlamar, lo cual hubiese significado un renacimiento de los comercios en este sector de la isla.

El tiempo apremia y los reales no aparecen. Merentes dijo que lo pensaría. Izarra propone que los hoteles sean habilitados como operadores cambiarios, como si en sus alrededores no estuviesen establecidos los agentes del mercado negro que siempre comprarán ilícitamente las divisas a un precio más ventajoso que el establecido por el Banco Central.

Con la mira apuntando al 8 de diciembre, el proclamado Presidente por el CNE hará énfasis en ofrecimientos dirigidos a embelesar estómagos y bolsillos con falsas ilusiones. Puro proselitismo y compra a futuro de votos para la causa roja. Maduro ofrecerá el oro y el moro pero se horroriza con el cosmopolitismo. Y así no se gobierna porque, lo quieran o no, la prosperidad y el desarrollo de Nueva Esparta dependen del turismo y éste del puerto libre.

Que se miren en el espejo cubano, donde Tony Castro, hijo de Fidel, promueve bajo el padrinazgo de su tío, “16 proyectos que incluyen la construcción de enclaves para el turismo de lujo, como varios campos de golf, viviendas, múltiples servicios y muelles para atracar los yates. Así, el Gobierno cubano se propone atraer a más visitantes internacionales con un ambicioso plan que conlleva la ampliación de su capacidad hotelera y alcanzar la cifra de 85.000 habitaciones en 2020 frente a las 65.000 actuales”. Y mientras tanto, Margarita se hunde. No por el peso de los visitantes, sino por la desidia de los gobiernos regional y nacional.