• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

Al instante

Manto de silencio

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

En este campo de concentración informativo impuesto desde el CNE, que nadie puede concebir en una democracia seria, moderna y abierta, resulta imposible opinar en estas últimas horas sobre un hecho tan importante como lo es una elección presidencial. Hasta es justificable que no se publiquen encuestas repentinas porque hay muchos elementos de mala fe en la política.

Pero esto no nos puede llevar prácticamente a prohibir que se emitan juicios de valor muy bien justificados sobre algunos de los candidatos, es decir, como si un simple artículo fuera un virus tan peligroso que les lavara el cerebro a los votantes. Resulta ridículo que los periodistas y los analistas eviten el nombre de Chávez o de Capriles, ya sea para alabarlos o poner de bulto los puntos flacos de sus promesas electorales, porque corren el riesgo de que se imponga un castigo a los editores por haber permitido una presunta violación de las normas del CNE.

A lo mejor suena a exageración pero ese el ambiente que se vive en las redacciones de los periódicos, en las emisoras de radio o televisoras. Para los próximos comicios este punto hay que revisarlo a fondo y flexibilizar el manejo de la información en el territorio nacional para que los venezolanos no tengan que informarse al minuto sobre lo que ocurre durante el proceso electoral apelando a las cadenas de noticias internacionales, a las emisoras de radio colombianas, mexicanas o españolas (por nombrar algunas), así como a las redes sociales, a Facebook, a Twitter, etcétera, que no conocen fronteras ni están dispuestas a reconocerlas. Esta es una gran ventaja para la democracia en el mundo y la libertad de expresión, pero no alcanza a todos los estratos de la sociedad venezolana sino a aquellos que tienen medios para acceder a este tipo de modernidad tecnológica.

De manera que, además de hacer el ridículo, nos estamos quedando atrás en momentos en que en el mundo los propios presidentes y candidatos opositores usan a cada minuto estos instrumentos tan directos y versátiles de comunicación para hacer llegar cualquier mensaje político a sus partidarios e incluso a quienes son sus adversarios.

De forma que esta oscuridad informativa que se tiende sobre los acontecimientos electorales en Venezuela daña directamente al ciudadano, que no es un incauto fácil de engañar, pero que se le priva de satisfacer la necesidad de estar bien informado, de recibir opiniones y de conocer análisis no sólo de los medios venezolanos sino también de reputadas firmas y publicaciones del exterior.

La mayoría de los periódicos y revistas de América Latina, de Estados Unidos y Europa están dedicando amplios reportajes sobre las elecciones. De igual manera, analistas de talla internacional están dando a conocer ya sea en artículos o en espacios de radio y televisión sus opiniones, pero que no se pueden dar a conocer en Venezuela. Un absurdo total y una verdadera idiotez a la cual hay que ponerle fin.