• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Mano de hierro

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El señor Maduro anuncia “mano de hierro” contra la banda de asesinos que segaron la vida de Mónica Spear, un homicidio que, por conmocionar a la opinión pública, ha merecido especial atención de parte del gobernante quien, con desmedidos aspavientos, quiere sacar provecho de tan lamentable suceso y levanta la voz que nunca ha alzado para referirse a los millares de personas masacradas a diario por un hampa desatada gracias a la impunidad decretada, hace ya mucho años, por el extinto corazón de mi patria, cuando defendió el latrocinio como forma válida de procurarse sustento, en una de esas fiestas patrias con las que solía alborotar el avispero desde el Paseo los Próceres.

El ultimátum, articulado a una convocatoria al diálogo con la oposición, a fin de concertar estrategias en materia de seguridad, responde no sólo al ruido provocado por el crimen en cuestión, sino que forma parte de esa política aconsejada por La Habana y avalada por Fuerte Tiuna, con la que, poco a poco y la chita callando, se exploran formas de poner fin a los cuestionamientos que suscita el irregular ascenso de Maduro al cargo que ostenta.

Pero ¿por qué creer a quien ha sido copartícipe defensor de un modelo incapaz de adelantar medidas eficaces de prevención y represión del crimen y, por el contrario, lo estimula con el trato preferencial que, de parte de su ministra de asuntos penitenciarios, reciben los pranes que, desde sus calabozos y provistos de artilugios high tech, manejan tenebrosas redes delictivas que operan en todos los rincones del país?

Los líderes de la oposición han respondido afirmativamente el llamado de Maduro quien, tras detallar los lamentables hechos en torno a las violentas muertes de la miss Venezuela y su marido declaró: “Espero que asistan todos y comparto el sentimiento de que no se utilice este caso para manipulación politiquera”.

Estamos ante un patético melindre del mandatario porque esta declaración, en sí misma, entraña una postura política y revela que, desde las esferas del poder, se quiere sacar partido del triste suceso, especialmente de parte de quien ha hilado una larga cadena de estrepitosos fracasos, el ministro de Interior, Justicia y Paz, general Miguel Rodríguez Torres, en razón de lo cual hace rato que debería haber renunciado.

La mano de hierro es metáfora que disimula la falta de planes para enfrentar la inseguridad con una inocua retórica que busca aplauso entre el público de galería, en vez de servir de advertencia a quienes, con sus actos, han creado un permanente clima de angustia que nos agobia.

La mano de hierro del señor Maduro no pasa de ser una consigna vacía y engañosa, escondida en el guante de seda con que los rojos han tratado a toda suerte de maleantes. No es casualidad que en las cárceles el chavismo obtenga las más altas votaciones del país.