• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Mano dura en Venezuela

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En medio de la abigarrada mezcla de temas tan característica de sus cadenas, el presidente Nicolás Maduro anunció el pasado jueves la “captura” del alcalde metropolitano Antonio Ledezma, como si se tratase de un prófugo. Ese era el asunto central. Al documento de propuesta de una transición institucional publicado hace poco más de una semana, suscrito por María Corina Machado, Leopoldo López y el propio Ledezma, se lo consideró, sin más, como llamado a un golpe de Estado tras el cual habría vínculos con el gobierno de Estados Unidos.

No perdió oportunidad el presidente para mencionar sus conversaciones de dos días antes con Raúl y Fidel Castro. Quizá para sugerir a sus rojos más radicales que tiene “vara alta” en La Habana, o al menos que todo fluye normal a pesar del giro al norte preparado en secreto y anunciado por Raúl el 17 de diciembre. Revelador en todo caso de que aparte de su muy cultivado blindaje verde oliva, sigue atado al oráculo cubano. El asunto es, en realidad, más complicado.

El mismo jueves, mientras se ejecutaba el violento e ilegal operativo de arresto de Antonio Ledezma y se acusaba a Estados Unidos de apoyar conspiraciones golpistas, cosas muy distintas decía y hacía el gobierno de Cuba. Esa tarde el primer vicepresidente, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, recibía a la líder de los demócratas en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, como parte de los acercamientos de alto nivel que se han venido dando para la normalización de vínculos.

En el camino, interesado como está el gobierno de Raúl Castro en una recuperación económica sostenible y un ambiente político menos tenso, ha ido cambiando sus estrategias de presión sobre la disidencia y accedido a la liberación de 53 presos políticos.

Sirva la referencia para el contraste, no para diagnosticar ni para suponer que el régimen castrista acompañará sus medidas de “actualización económica” con apertura democrática. El gran contraste, el que más afecta a Venezuela es el de la pérdida de prosperidad y libertad que sufrimos cada vez más los venezolanos, mientras el régimen cubano procura recuperar imagen y se sigue aprovisionando para sostenerse sobre un modelo económico revisado. Mientras allá se asoman posibilidades de recuperación material y más sana inserción internacional, aquí ocurre todo lo contrario.

Por eso es imposible no detenerse en la imagen de Nicolás Maduro de visita en Cuba, con Venezuela de ficha en tablero ajeno, entre un Fidel que habla, o mejor dicho desvaría, sobre los grandes problemas de la humanidad y Raúl que revisa las cuentas de los incontables e inescrutables tratos que le han servido y siguen sirviendo de plataforma para enderezar el rumbo de ruina de la revolución cubana.

También porque el rumbo de empobrecimiento y represión se ha movido rápidamente a nuestro lado del Caribe, es ineludible sembrar en propios y extraños, entre tirios y troyanos, preocupación seria y sana, que contribuya a reconstruir a Venezuela moral y materialmente, en paz.