• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

Al instante

Malas noticias

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

El web site del diario colombiano El Espectador reveló hace meses que “en medio de sus recurrentes choques con la prensa, el gobierno de Cristina Fernández abrió en Facebook ‘un lugar para que argentinos y visitantes intercambien experiencias sobre Argentina, plagado de buenas noticias”. Años atrás, un vocero de la realeza británica solicitaba a la nada complaciente prensa inglesa que, para hacer feliz a la reina, no publicase despachos enervantes sino buenas nuevas. Mas, ya se sabe: bad news, good news.

Lo que parece una cínica afirmación es la esencia misma del periodismo porque, como reza un viejo adagio, la noticia no es que un perro muerda a su amo, sino que éste muerda al can. Y esto parece no entenderlo la gente en posiciones de poder que, por detentarlo, piensa que toda información crítica es mala y atenta contra su investidura.

Por eso no sorprende la creación en nuestro país, anunciada el pasado 7 de octubre en Gaceta Oficial, del Centro de Estratégico de Seguridad y Protección de la Patria, un organismo cuyo largo y rimbombante nombre prefigura su carácter perverso y anuncia la resurrección de Vitelio Reyes y su lápiz rojo, siniestro rey de la censura cuando el dictador Pérez Jiménez.

En su artículo tercero, la resolución señala que el mencionado centro “solicitará, organizará, integrará y evaluará las informaciones de interés para el nivel estratégico de la nación, asociada a la actividad enemiga interna o externa, provenientes de todos los organismos de seguridad e inteligencia del Estado y otras entidades públicas y privadas, según lo requiera la Dirección Político-Militar de la Revolución bolivariana”.
A pesar de su confusa redacción y del exceso de mayúsculas, queda claro que la misión del ente en cuestión es la misma que se arrogaba el Centro Situacional de Estudios de la Nación, creado por Chávez en 2010, impugnado, con razón, ante el Tribunal Supremo de Justicia por el Colegio Nacional de Periodistas y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa.

Los motivos que entonces sustentaron el cuestionamiento de la barbaridad inventada por el comandante eterno siguen siendo válidos ahora. No pueden los medios admitir la existencia de una oficina creada con el expreso propósito de valorar lo que se debe publicar.
Es sencillamente impensable que empresarios y trabajadores de los medios, impresos o audiovisuales, permitan que penda sobre ellos una espada de Damocles forjada con intención de censurarles, porque ello es contrario al espíritu y razón de ser del periodismo.

Abortar este engendro debe ser tarea prioritaria de los gremios y asociaciones de trabajadores y profesionales de la comunicación social, pues el hecho de que Maduro cuente con recursos legales para silenciar a los medios vulnera de inmediato el derecho a la libre expresión. El Cesppa es una mala noticia y debe ser divulgada para que el pueblo sepa la calidad ética de sus gobernantes.