• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Malas mañas

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Todo este gran esfuerzo de los electores por elegir a un nuevo Presidente de la República ha terminado en una gran chapuza para vergüenza no sólo del país sino de los observadores internacionales, periodistas y corresponsales de los diversos medios de comunicación que se trasladaron hasta aquí con la esperanza de asistir a unos comicios bien organizados y cuyos resultados no pudieran ser puestos en duda por nadie.

Es lógico que este tipo de jornada electoral no esté exenta de tribulaciones y violencia, pero este domingo el comportamiento de los votantes demostró una extraordinaria vocación democrática. Desde luego, como ocurre en estos gobiernos bolivarianos, salieron a la calle bandas parapoliciales armadas (con un brazalete con la bandera tricolor venezolana) a hostigar a los votantes y atacar a los adversarios ante la mirada indiferente de los miembros de la Guardia Nacional y del Ejército.

Pero no fue suficiente para desmoralizar a los votantes de la oposición que querían elegir a su nuevo presidente de manera legítima a través de los votos. Los venezolanos honestos eligieron a Henrique Capriles Radonski, como lo indicaban todas las cifras conocidas a las siete dela noche. Pero de repente, el Consejo Nacional Electoral, compuesto en su mayoría por miembros del partido de gobierno (PSUV) y presidido por una señora que se presenta en los actos públicos con el brazalete tricolor al estilo fascista de los tiempos de Mussolini, decidió diferir por “problemas técnicos” la presentación de los resultados que ella misma había ofrecido para las 8 de la noche a más tardar.

Tres horas después, mientras en comandita con el resto de los miembros de la junta principal del Consejo Nacional Electoral y sus técnicos volteaban la tortilla, salió con su cara muy lavada a decir a los venezolanos que el candidato del Gobierno, Nicolás Maduro, había ganado las elecciones por “una mínima diferencia”.

Desde luego, nadie le creyó porque era tal la multimillonaria cantidad de dinero (casi toda proveniente de Petróleos de Venezuela) que habían invertido el Gobierno en la campaña que la ventaja de Maduro debió ser abrumadora. Había arrancado con 20 puntos de ventaja sobre Henrique Capriles Radonski y lo menos que se esperaba del sucesor de Chávez era 10% de diferencia.

Pero así sería la descomunal paliza electoral que le dio Capriles a Maduro que apenas pudieron un inventarle un “triunfo” que a cualquiera le da pena, ya que pasó dejando el pelero en la alambrada y eso porque Pdvsa lo ayudó, el aquelarre del CNE manipuló las cifras y ciertos narco generales, según dicen en la DEA, presionaron para que no se les terminara el negocio.

El Consejo Nacional Electoral y la señora Tibisay Lucena que preside ese organismo se han negado rotundamente a un recuento manual de los votos, como pide Capriles y toda la oposición. Esto da pie para pensar que la señora no quiere que la agarren con las manos en la masa.