• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Malas compañías

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En la caja negra de los compromisos internacionales que ha hecho el Gobierno de Venezuela desde 1999 las cuentas con Irán están entre las más oscuras y difíciles de conciliar. El historial de los vínculos de Venezuela con el Irán de Mahmoud Ahmadinejad quedará como una de las mejores ilustraciones de la forma como se concibió la política exterior de un régimen empeñado en acercarse y cultivar la afinidad con los gobernantes más cuestionados del mundo. El desprecio por los derechos humanos, la conducta amenazante de la seguridad internacional, la burla a principios, formas y prácticas esenciales del derecho y para la convivencia internacional se convirtieron en credenciales de mérito.

La obsesión de protagonismo, con estridencia desafiante en temas y circunstancias en extremo comprometedoras, hizo de Venezuela una ficha de tableros ajenos. Pólvora, explosivos, bases misilísticas, aviones no tripulados, envíos de gasolina, son parte del repertorio de relaciones inescrutables. Tremendamente ineficientes, por lo que se puede ver en fondos, cemento, bicicletas, carros y viviendas, a la vez que llenas de irregularidades, por lo que no se puede ver y sugieren el cheque en el bolsillo del señor Mazaheri, detalle menor en una larga lista de graves denuncias.

Es cierto que Venezuela no es el único vínculo latinoamericano del Gobierno iraní, pero ninguno otro se ha involucrado de modo tan truculento como Venezuela. Ni siquiera los socios de la Alianza Bolivariana que le han abierto sus puertas, tampoco Brasil en los años de Lula y mucho menos con Dilma Rousseff.

Quizá haya margen para debatir la legitimidad y eficacia de las sanciones unilaterales, aunque -como en el caso de las impuestas por Estados Unidos por segunda vez a la Cavim- encuentren apoyo en las cuatro rondas de sanciones impuestas a Irán por las Naciones Unidas. Lo que no se puede objetar, para preocupación de los venezolanos, es que desde la Presidencia de nuestro país se han alimentado las más graves y verosímiles sospechas, por lo que ha dicho y lo que ha callado, por lo poco que ha mostrado y lo mucho que ha ocultado de sus relaciones con el gobierno iraní.

Ahora se suma Argentina, tras un largo cortejo, en medio de graves dificultades económicas, bajo la censura del Fondo Monetario Internacional y con el fardo de desconfianza de los inversionistas maltratados. La presidente Cristina Kirchner, también amiga de estridencias y desplantes, removió el obstáculo. Aceptó firmar un memorándum para investigar e interrogar en Irán a los cinco sospechosos de los ataques a la sede de la Asociación Mutual Israelita en 1994 en los que murieron 85 personas. Uno de los sospechosos es el ministro de Defensa iraní, Ahmad Vahidi. Con razón, la oposición en el Congreso argentino objeta el secretismo, la cesión de jurisdicción y falta de garantías de cumplimiento del acuerdo. Temas muy familiares para los venezolanos.