• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Mal camino

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Los servicios de inteligencia y la Cancillería venezolana le deberían pedir prudencia al presidente Maduro cuando se trata de hacer afirmaciones tan contradictorias como las referidas al caso del ex agente Edward J. Snowden, de la Agencia Nacional de Seguridad estadounidense.

El espionaje es una práctica tan antigua como la prostitución y, nos guste o no, forma parte del ejercicio internacional de la mayoría de las naciones del mundo. Espiar es un arte y un oficio, y a la vez una necesidad de los Estados que quieren preservar su seguridad. Todas las agencias de inteligencia persiguen más o menos el mismo fin: salvaguardar los intereses y la seguridad de sus respectivas naciones.

Todas, sin excepción, recolectan información de inteligencia en el extranjero, indagan sobre individuos y realizan actividades encubiertas y de seguridad. Sin duda, Estados Unidos tiene la mayor comunidad de inteligencia del mundo, en donde la muy hollywoodense y desprestigiada CIA es una de las menores en la muy extendida y compleja estructura de agencias vinculadas al aparato estatal estadounidense. Emplea a miles de personas, todas escogidas bajo estrictos criterios de selección y con múltiples actividades que fundamentalmente se concentran en el levantamiento y análisis de información.

Los presidentes Maduro y Correa abren una puerta peligrosa al convertirse en defensores de los espías arrepentidos, porque no sólo colocan en aprietos a las agencias de sus países amigos, sino que, además, con tan sacrosantos argumentos, pueden convertirse en refugio de agentes de todas partes del mundo que rompen los códigos de confidencialidad y ponen en peligro la seguridad de sus respectivos Estados.

Por ejemplo, ¿cómo cree nuestro Presidente que un tema similar al de Snowden sería tratado por el ASIS de Australia, o el RAW de la India, o la Dirección General de Seguridad de Francia y, por supuesto, las agencias de inteligencia de nuestros aliados de China y su temible MSS, sin olvidar M16 del Reino Unido o el Mossad de Israel, por sólo nombrar algunas de las de mayor reputación?

Esta estrategia de Maduro de simpatizar con este ex agente de Estados Unidos demuestra una penosa simpleza de pensamiento, y le abre el camino a más de un espía del mundo (y al de los bien entrenados cubanos, iraníes, rusos y chinos estacionados en Caracas) a pedir la misma tolerancia y compresión en el futuro.

El problema de las comunidades de espionaje no es que recopilen información y que espíen a gobiernos extranjeros, sino que los descubran en sus andanzas y de allí vienen los justos reclamos y molestias de los países amigos que son espiados. La información privilegiada es útil en el mundo para preservar los intereses de las naciones, y peligrosa para los gobiernos cuando se actúa violentando las reglas del juego.