• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Maduro

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Anoche fue juramentado por la Asamblea Nacional el señor Nicolás Maduro. Al parecer, de esta forma se supera el impasse de la transición y las diferentes interpretaciones que se le dieron. Unos juristas abogaban por la tesis constitucional ortodoxa, o sea el presidente de la Asamblea Nacional como encargado de la Presidencia de la República y la realización de elecciones generales en un plazo de treinta días.

Otros se acogieron a la sentencia del Tribunal Supremo de Justicia que descartaba el requisito de la juramentación del Presidente electo y la postergaba sine die. El TSJ innovó el Derecho Político con la tesis de la “continuidad administrativa”. Y fue esta la que se impuso.

Antes de juramentarse como presidente encargado, ya Nicolás Maduro Moros ejercía como portavoz del Gobierno, y firmó decretos como encargado del Poder Ejecutivo. Episodios que ilustran la complejidad derivada de la sentencia del TSJ. Maduro, además, y como vicepresidente ejecutivo, contó con la unción del presidente Chávez como su sustituto en la Presidencia de Venezuela. Durante la transición y las honras fúnebres, fue el anfitrión de los jefes de Estado y de Gobierno y las delegaciones venidas de todo el mundo.

Al juramentarse como presidente encargado, asumió una responsabilidad ante al país que tiene pocos antecedentes. Sin concesiones a la retórica, ni a los lugares comunes, de cómo Nicolás Maduro interprete y acometa esa responsabilidad dependerá el curso de la política nacional y de las relaciones exteriores.

Al pronunciar su discurso ante el féretro del presidente Chávez, Nicolás Maduro señaló la Constitución de 1999 como el gran legado que unía y guiaba a los venezolanos. Lo dijo ante la mirada expectante de jefes de Estado y de diversos delegados. Y, desde luego, del mayor interés de los ciudadanos.

Interpretemos esto como índice de un clima de distensión y tolerancia que permita privilegiar la Constitución, guiarnos y regirnos por ella en igualdad de condiciones. La Constitución nos da derechos, y al mismo tiempo nos señala deberes, nos impone limitaciones. Procura, en una palabra, espacios para el ejercicio ciudadano. Y no hay nada que pueda oponerse a estos principios. Sin el más absoluto respeto a la Constitución el futuro del país estaría comprometido.

Pongamos en perspectiva los días por venir. Maduro jugará papeles que harán su responsabilidad mucho mayor y más compleja porque no sólo será presidente encargado, sino también candidato presidencial. El manejo de tan gran poder personal y político incrementa sus responsabilidades.

De de la manera que entienda su papel como encargado del Poder Ejecutivo, dependerá el clima político de los próximos días. Nada necesita más Venezuela que un clima de convivencia y de equidad. Sin equidad no habrá democracia. Son diversos los factores que pueden confluir a su creación. Ninguno tan fundamental como el de Nicolás Maduro Moros.