• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Maduro habla inglés

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The truth about the Venezuela - Colombia border situationCon este título, y el consabido encabezamiento oficializado en la lengua del opresor –Bolivarian Republic of VenezuelaMinistry of People’s Power for Foreing Affairs– el manirroto gobierno rojo (red spendthrift government, diría un gringo) insertó un largo comunicado en el diario The New York Times.

Lo hizo para “informar verazmente” –gastando los dólares que no suelta para medicinas y alimentos básicos– a la nación que es su principal contendiente en la imaginaria y bufa guerra económica sobre los motivos de su proceder en la frontera con Colombia, esa cortina de humo que busca nublar el panorama electoral.

El comunicado desinforma desde la A hasta la Z, tergiversando contextos y circunstancias a objeto de distorsionar el pasado de nuestros vecinos, para justificar las acciones presentes del régimen nominalmente encabezado por Maduro.

No es propósito de estas líneas examinar el documento mediante el cual se aprovecha la irrestricta libertad que concede la primera enmienda estadounidense, y darles velas en este entierro a los aborrecibles y denostados yankees.

Si el gobierno de Maduro ha querido derrochar una pequeña fortuna en dólares, pero muy significativa en bolívares –con la cual se podría adquirir un buen lote de carteras Cartier para las damas combatientes, pagar un montón de salarios mínimos o subsidiar la importación de alimentos–, pues ha malgastado su dinero: un remitido oficial es publicidad pagada y el lector así lo percibe.

De entrada, su contenido está estigmatizado por tratarse de mensajes tarifados y obedientes al oficialismo: son anuncios de precios variables según su ubicación, extensión y día de publicación, como sabe cualquier jefe de medios de los que en Brasil y en Argentina, en Nueva York y Washington, y en menor medida Caracas, administran el cuantioso presupuesto publicitario bolivariano, que para las agencias supone abultados ingresos.

Decimos que Caracas en menor medida porque el chavismo no confía en el talento nacional (a ello ha contribuido la falta de imaginación de sus ministros) y se postró desde el vamos a la petulancia castrista y la echonería carioca y paulista para confiarles a los antillanos y cagatintas brasileños sus campañas electorales.

Campañas, todo hay que decirlo, efectivas pero cursis de toda cursilería. Por eso, y con sobrada razón, los creativos locales le sacan el cuerpo a las cuentas oficiales. Muchos de ellos han confesado su aversión al ya larguísimo proceso y su alergia a Chávez, a Maduro y a los personeros de un partido y una administración carentes de sensibilidad, regidos por decadentes y ridículos patrones estéticos como los del, cada vez más feo, realismo socialista.

Los comunicadores foráneos que diseñan la publicidad oficialista no le hacen el fo el almidonado gusto escarlata, al contrario, le ponen corazón de patria para explotarlo, no solo en el plano propagandístico, sino sobre todo en el económico. Believe It or not!