• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Maduro y su golpe

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Así como en el campo internacional las cosas no están en su mejor momento para el señor Maduro ya que desde Australia a Canadá, desde Francia al Lejano Oriente estallan fuegos y no precisamente artificiales contra su gobierno; tampoco en el escenario militar las cosas se muestran más tranquilas, por lo que dice la propia propaganda del gobierno.

Y esto no lo pregona la oposición ni los medios de comunicación, que se mantienen muy prudentes a este respecto. Quien anda con una campaña en contra de la lealtad y tranquilidad de las fuerzas armadas es el propio señor Maduro que, a cada rato y sin mostrar pruebas, anuncia golpes de Estado como quien sale a vender cervezas en un estadio durante un juego de beisbol profesional.
Es bueno advertir a quienes hoy están en el gobierno que se daña la reputación de la Fuerza Armada Nacional cuando el señor Maduro sale por la televisión diciendo: “Hemos vencido el golpe de Estado”.

¿Cuál golpe? se preguntan hasta los mismos chavistas que, a través de los medios de comunicación, sólo han visto a jóvenes estudiantes, amas de casa, trabajadores, desempleados y profesionales de la clase media protestando por la inseguridad, la escasez de alimentos y medicinas, el cierre de fuentes de trabajo, la pérdida de valor del bolívar y el empobrecimiento general.
Aquí el único golpe que se ha dado es a los bolsillos de los venezolanos porque lo que se gana trabajando no alcanza para nada. Es un golpe de desesperación lo que se siente en casi todos los estratos sociales cuando se cobra quincenalmente el sueldo y hay que estirar los reales para pagar la luz y el teléfono, la comida, el metro o la buseta para ir al trabajo, la escuela o el colegio de los hijos, o el tratamiento médico para los ancianos.
El peor de los golpes es el estrés emocional de estar encerrados en la casa luego de las ocho de la noche porque el hampa ha impuesto un toque de queda y, además, aceptar que el gobierno nos castigue con unas cadenas de radio y televisión en las que el orador ni siquiera sabe expresarse bien en castellano, algo que perjudica, de paso, el buen hablar de nuestros hijos.
Golpe es también la impaciencia y la angustia por nuestros muchachos cuando van al cine o a departir con sus amigos y no se sabe si volverán vivos a sus hogares, o serán secuestrados o muertos a tiros.
Así están las cosas en el campo civil, mientras que en el campo militar nos encontramos con una Fuerza Armada desorientada y molesta, que no entiende por qué su nuevo comandante en jefe, el hijo del comandante eterno, inventa un golpe a cara rato.
No es fácil, por ejemplo, para la señora ministra cargar sobre sus hombros la tamaña responsabilidad de darle parte a sus subordinados de que no es verdad cuanto se dice en Miraflores. En los pasillos de los cuarteles y de las unidades de comando las sospechas a lo mejor son mutuas y generalizadas. Pero igual entre compañeros de promoción debe haber una gran mamadera de gallo: Dígame compadre, ¿usted estaba metido en el golpe que derrotó el gobierno? Y sueltan la carcajada.
El señor Maduro debe ser muy prudente al exponerle al país estos temas. También el canciller Jaua le debe respeto a la comunidad internacional y no trasmitir un engaño que da risa. Porque si es verdad, cosa que los venezolanos dudan, es hora de que informen los detalles: nombre del líder, de los oficiales generales y superiores involucrados en el golpe derrotado por Maduro. Decir el número de unidades que participó en la intentona y si ya están presos.
En los últimos tres intentos de golpe de Estado en Venezuela le vimos el rostro a los responsables. Hoy el país no se merece la angustia de desconocer a quien derrotó Maduro y no verle el rostro a ese peligroso grupo fascista.