• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Luto histórico

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El 12 de Febrero, por ser día de la juventud y de especial significación histórica para los venezolanos, siempre fue una jornada cívica y democrática. Constituía un recordatorio hermoso y puro del sacrificio y de la entrega en la lucha por la libertad que siempre renace en la voluntad de las generaciones cuando la salud pública del país se ve amenazada por militares ávidos de poder y dinero, junto a políticos ambiciosos carentes de límites éticos y morales.

En esta oportunidad la fecha adquiere una nueva dimensión porque se cumple un año de la matanza de 43 manifestantes que salieron a la calle a protestar contra la política del gobierno, sus errores económicos, la inseguridad y el auge del hampa, la corrupción policial, el narcotráfico internacional, el deterioro de los sistemas de salud y la caída de la calidad de la educación.

El gobierno se equivocó al sacar a la calle a la Guardia Nacional y a los colectivos armados como si el derecho de manifestar estuviera suspendido en una minúscula zona de Caracas que, por sus reducidas proporciones, cualquier cuerpo policial bien entrenado hubiera neutralizado sin masacrar a gente desarmada, que significaban un peligro de muerte para nadie.

Al involucrar a los colectivos como una fuerza parapolicial y autorizarlos a disparar libremente, el gobierno terminó por echarle gasolina al fuego agrandando de esa manera las dimensiones de la tragedia. Ese error garrafal llevó a que los integrantes de los colectivos comenzaran, en medio de un enfrentamiento que no permitía distinguir quién era quién, a dispararse entre ellos y matar a uno de sus integrantes, como quedó bien claro en varios videos que grabaron habitantes de la zona.

Al observar los videos se nota que la misión de los guardias nacionales y de los colectivos obedecía presuntamente a una orden de disparar contra los jóvenes desarmados e inermes ante el poder de fuego de los militares y los colectivos. Fueron 43 muertes ocurridas durante esos días que sólo pueden ser atribuidas al gobierno y a quien lo preside porque, como bien se sabe, la primera orden que debe darse en eso casos es evitar a toda costa el uso de armas de fuego y de esa manera que haya muertos y heridos de parte de los manifestantes indefensos.

Protestas surgen en todos los países del mundo y son innumerables las técnicas para dominar, dispersar o en último caso capturar a los cabecillas sin tener que matarlos a sangre fría. Numerosas marchas se registran en París, Roma, Sao Paulo, Praga, Varsovia o Nueva York y son controladas con técnicas modernas que reducen al máximo posible el número de víctimas mortales.

Aquí en Venezuela se gastan millonadas en modernos equipos antimotines pero igual no desciende el número de manifestantes heridos o muertos porque desde el gobierno se les inculca el dogma militar de borrarle la identidad al ser humano que protesta y llamarlo simple y cruelmente “el enemigo”. Y claro, si es “el enemigo” pues hay que acabar con él o reducirlo por medio de la violencia.