• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Luto democrático

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El país está hoy de luto democrático. Es sorprendente que en esta Venezuela del siglo XXI aún existan opciones para que el poder se tome por asalto y en plena violación de nuestra Constitución vigente. Nicolás Maduro no debería ser hoy juramentado por la Asamblea Nacional como Presidente de la República. 

Existen demasiadas evidencias antes y después del proceso electoral que demuestran la falta de transparencia del CNE. Maduro no ganó en buena lid estas elecciones del domingo 14. Esa toma de posesión escandaliza a millones de honestos electores tanto chavistas como opositores. 

La indebida presencia de presidentes, jefes de Gobierno y representaciones de otros países es una bofetada al pueblo de Venezuela. Con su asistencia endosan una elección írrita y un resultado fraudulento. Un sector mayoritario de venezolanos aspira todavía a una auditoría confiable que demuestre cuál de los candidatos obtuvo la verdadera mayoría de los votos. 

Para los venezolanos, a diferencia del 19 de abril de 1810 cuando proclamamos nuestra independencia del yugo español, hoy 213 años después, las nuevas generaciones tiene que ser testigos de excepción de la toma de posesión de un hombre que no representa el verdadero sentimiento de la mayoría del pueblo. 

La intolerancia, la persecución y la mentira siguen siendo el estilo de gobernar de estos tiempos. La comunidad internacional ha observado la actitud violenta del Gobierno. La amenaza, el insulto, la descalificación se mezclan con los más hipócritas llamados al amor y a la paz con la mayor falsedad. 

Hoy serán testigos otra vez los venezolanos de elogios al líder fallecido, de insultos al imperio y a más de siete millones y medio de venezolanos los vejaran por traidores a la causa revolucionaria. Despreciarán con los típicos calificativos a los ciudadanos que piensan diferente. Gritarán apátridas, burgueses, pitiyanquis, golpistas y tantos otros epítetos que les recomienden para refrescar la avalancha de insultos que bien saben proferir. Por supuesto, ellos son los "hijos de Bolívar" que quieren la paz y que ofrecen amor. 

El presidente de la Asamblea en su breve alocución recordó que Chávez era el muro de contención. Ciertamente lo era, pero para frenar la avaricia y dilapidación de las arcas del Estado por parte de sus más cercanos colaboradores. Bien lo destapaba recientemente Giordani, alarmado por los niveles de corrupción. 

La avaricia por el poder una vez más hiere la democracia venezolana. No hay duda de que la banda presidencial le corresponde a Henrique Capriles, un joven que con tenacidad y coherencia construyó un liderazgo sólido, le abrió el camino a millones de venezolanos que fueron excluidos y que quieren la reconciliación para hacer de Venezuela una gran patria. 

Que retumben los aviones con sus pasajes rasantes, que desfilen los militares y los visitantes extranjeros, que disfruten por poco tiempo de sus trapisondas.