• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

Al instante

Lluvia de muertes

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

El sábado pasado, en este mismo espacio editorial, comentamos la muerte violenta del diputado Robert Serra y de su asistente la señora María Herrera en circunstancias por demás extrañas y crueles. El hecho llamó aún más la atención porque el joven político del PSUV contaba con la protección de varios escoltas.

Las múltiples heridas que presentaba la víctima indicaban que quienes lo agredieron actuaron con saña y odio, sin que se apreciara que el diputado hubiera opuesto resistencia a sus atacantes. Algo totalmente inexplicable porque, según los vecinos, Serra formaba parte de las actividades comunitarias de la zona y no se le conocían enemigos cercanos. Más extraño aún resulta el asesinato de su asistente, María Herrera, a quien atacaron con igual ferocidad.

Estos no son hechos aislados ni podemos tomarlos como tal, son signos evidentes de la descomposición de una sociedad que, tras prolongados años de escuchar un discurso que reivindica el odio, la venganza y la violencia ha terminado por despreciar los valores, apartar la justicia y refugiarse en la ley del más fuerte.

Recientemente, el presidente del Concejo Municipal de Caracas, militar retirado Eliézer Otayza, experto en artes marciales, ducho en el manejo de las armas y veterano en cuestiones de seguridad, también fue asesinado en circunstancias extrañas. Su cadáver fue encontrado días más tarde al fondo de un barranco donde fue lanzado por sus captores.

La gran sorpresa surgió luego, ya que tras exhaustivas pesquisas del Cicpc se descubrió que había sido asesinado por una pandilla de jovencitos, ninguno de ellos mayor de edad, pero que habían actuado con un odio y una ferocidad inusitada contra alguien a quien ni siquiera habían identificado plenamente. Es decir, que procedieron a matarlo por el simple hecho de transitar solo en un automóvil por un paraje de las afueras de Caracas, estar armado y por tanto ser un “despreciable” policía. Hasta el día de ayer, la suma de agentes policiales asesinados alcanzaba 102 víctimas en lo que va del año 2014.

Por si fuera poco, este martes el centro de Caracas fue escenario de una batalla campal entre integrantes del Cicpc y miembros de dos colectivos bolivarianos (5 de Marzo y Escudos de la Patria) con el saldo de cinco muertos que, según fuentes extraoficiales, pertenecían a los grupos anteriormente mencionados. Uno de los cabecillas de la organización 5 de Marzo, José Odremán, cayó muerto de 20 balazos, lo que precisamente indica que no tenían la menor intención de agarrarlo vivo, quizás porque sabía demasiado.

Las redes sociales no tardaron en divulgar la amistad política y personal que existía entre Serra, Odremán y Montoya, este último integrante también de un colectivo bolivariano. Se presume que Montoya fue herido mortalmente por “fuego amigo”, es decir, de sus propios compañeros durante los sucesos que conmovieron la capital, y que marcaron los días más sangrientos del gobierno de Maduro, con decenas de jóvenes muertos o heridos.