• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Leguleyos contra la globalización

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La demanda del presidente de la AN, capitán Diosdado Cabello, contra los medios de comunicación venezolanos que cumplieron con el deber de comunicar, remacha la existencia de un afán de silencio que ya conocíamos y sufríamos en el país de los últimos años; pero, a la vez, descubre con contundencia el cuerpo de una organización judicial que se presta para el cometido sin detenerse en detalles, sin plantarse en las fronteras nacionales.

El presidente de la AN cuenta con un obediente repertorio de jueces que solo esperan su voluntad para ordenar el silencio de las voces incómodas, independientemente de lo que señalen esas voces y aun cuando se hayan limitado a repetir información confiable que proviene de fuentes acreditadas a escala internacional. Se da así el curioso caso de que, bajo el pretexto del honor personal mancillado, de una mancha arrojada contra el prestigio de un individuo supuestamente libre de pecados y ajeno a cualquier tipo de actividad relacionada con la comisión de un delito, los diligentes magistrados se dediquen a litigar contra la aldea global.

Estamos, en efecto, ante el insólito proceso de Diosdado Cabello contra la globalización, si consideramos que la noticia que le ha provocado ronchas viene de Europa y aquí solo nos limitamos a reproducirla partiendo del respeto que la fuente merece. Si ya, como sabemos, se han puesto en movimiento los magistrados obsecuentes y los jurisconsultos diligentes contra los contenidos de los medios del interior y contra los que publicamos desde Caracas; si, en general, han funcionado las presiones hasta el punto de provocar cierres, cárceles, multas y autocensuras, ¿por qué no hacer lo mismo con los grandes periódicos de Europa y de Estados Unidos? Esa es la flamante ruta que ahora estrena una juez colocada al servicio del capitán Cabello.

Ruta flamante, pero llena de llena de escollos. El capitán no puede estrenarse como demandante de un periódico español, o de otro no menos importante de Estados Unidos, sin hacer el ridículo internacional, o sin mostrarse directamente ante el mundo occidental golpeando con su mazo palurdo e inclemente. La emprende contra la globalización, por supuesto, la piel se le llena de ronchas cuando aparecen sus hazañas en las letras de imprenta y en las webs que hace tiempo superaron los linderos tradicionales en materia de información y diversión, pero no las ataca de frente. Le parece más manejable El Nacional, por ejemplo, sin considerar que en última instancia se enfrenta a un sistema respetado de comunicaciones que se ha establecido en el mundo para descubrir a los delincuentes que lo ensucian, estén donde estén.

Nada nuevo, en principio, pues llevamos lustros bajo el ataque del gobierno y de sus representantes más irritables, pero no podemos negar que la señora juez que atiende las órdenes del capitán Cabello es precursora de una nueva búsqueda de represión: la emprende contra las noticias que circulan con libertad en el mundo globalizado. Todavía no dirige los ataques directamente a Madrid o a New Cork; quizá le parezca un reto excesivo, pero hace un primer ensayo con la prensa que tiene más a mano.