• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Justicia roja rojita

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En la apertura del nuevo año judicial, la presidenta de la Sala Penal del Tribunal Supremo de Justicia, la honorable doctora Deyanira Nieves, hizo una extensa referencia al legislador que le sirve de inspiración, al sabio y mesurado creador de jurisprudencia que guía sus pasos y orienta o debería orientar las sentencias de los jueces venezolanos. ¿Quién es esa brújula irrebatible, ese Montesquieu digno de admiración?

Sepamos la respuesta a esta magna y constitucional pregunta en el párrafo que sigue, a través de dos citas textuales de las memorables e iluminadoras palabras de la elocuente magistrada Nieves.

Primera cita: “Comandante de la justicia, de los olvidados, de los desposeídos, comandante de los sueños por un mundo de la esperanza, de la vida, comandante del amor”. No parece una serie de exclamaciones referida a Montesquieu. No parece una aproximación a códigos venerables ni a enseñanzas que pudieron salir de la pluma de un abogado célebre y respetado del país, como Miguel José Sanz.

Para desvelar la incógnita veamos la segunda cita: “Hugo Rafael Chávez, el más importante líder de nuestra historia contemporánea, nos señaló el camino que de manera inexorable estábamos destinados a recorrer hasta llegar a concretar el rescate de la patria”. Está claro: se pesará en la balanza y sonará el martillo de acuerdo con lo que pensó o se supone que pensó o ejecutó o tal vez ejecutara el desaparecido presidente Chávez, en función de darle a cada uno de los ciudadanos lo que le corresponde.

Antes, la presidenta del TSJ, doctora Gladis Gutiérrez, anunció que el organismo a su cargo había dispuesto lo necesario para seguir los lineamientos del Plan de la Patria, no sólo en lo relativo a aspectos administrativos, sino también en lo referente a su visión. El Plan de la Patria escrito por Chávez, naturalmente, “pues sin su impulso y visión revolucionaria no habríamos podido andar este camino”. Como introducción del discurso habían sonado los aires de un pasaje llanero y las notas enfáticas de un joropo escobillao, preludio de las confesiones mediante las cuales se proclama el nacimiento de un juez supremo en función de cuyas concepciones se establecerá el camino de la justicia en Venezuela.

Justicia de arpa, cuatro y maracas, sentencias de tambora y furruco, togas bailables en el pentagrama del folklore más recio, se pudiera decir mirando apenas la parte pintoresca del espectáculo sectario que fue la inauguración del año judicial.

Sin embargo, lamentablemente se trata de la descarada anunciación de lo que apenas se había mencionado con cierto pudor en el pasado, con cierto rubor comprensible: la politización absoluta de la justicia en Venezuela, la negación desembozada de la imparcialidad, la inauguración pública de los tribunales rojos rojitos. No crea el lector que fue un mitin, fue la apertura del año judicial.