• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Jóvenes sin horizonte

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A lo largo de los siglos las sociedades se ha preguntado por el destino de sus jóvenes. Los ritos de iniciación comunes a innumerables pueblos cuyas raíces se hunden en la antigüedad tenían como una de sus funciones primordiales señalar el inicio de una nueva etapa en la vida, a partir de la cual cada joven adquiría responsabilidades que lo conducirían a convertirse en adulto. En la Grecia clásica, ancianos, filósofos, autoridades y sacerdotes debatían con pasión extrema cuál era el mejor método para convertir a los jóvenes en hombres útiles a la ciudad. Los enemigos de Sócrates urdieron una potente acusación que señalaba al filósofo como corruptor de las mentes de los jóvenes, y ello le causó la pena de muerte. Marco Aurelio, emperador y filósofo romano que vivió en el segundo siglo de nuestra era, escribió Meditaciones, que además de un tratado sobre el buen gobierno, es en su trasfondo un elogio a la buena educación de niños y jóvenes, entendida esta como estímulo al servicio y vocación por los demás.

La cuestión de los jóvenes en nuestro tiempo ha adquirido una considerable complejidad. Desde hace décadas los estudiosos vienen advirtiendo que una serie de tendencias socio-culturales, amalgamadas unas con otras, estimulan la infantilización, el conformismo, el individualismo extremo, el consumismo y la violencia gratuita, en sociedades que no cuentan con mecanismos que aporten otras visiones que los vinculen al hecho productivo y al compromiso social.

El caso venezolano es, posiblemente, uno de los más patéticos en el mundo. Un cuadro en el que predominan las realidades propias de la desfiguración social que vivimos. Los jóvenes encabezan las estadísticas de delincuencia, de muertes violentas y de consumo de drogas. Lo que nunca había ocurrido es visible en las calles: adolescentes y mujeres muy jóvenes han comenzado a participar en la actividad delictiva. Docentes con varias décadas de experiencia lo vienen advirtiendo de forma reiterada: los jóvenes venezolanos parecen atrapados por entrecruzadas visiones de incertidumbre. 

En un país donde el sistema educativo se erosiona a pasos agigantados, al extremo de producir graduados que no saben leer ni escribir con suficiencia; donde la oferta laboral se reduce junto a la indetenible destrucción de empresas e industrias de todo tipo; donde el régimen se solaza insultando y difamando a los jóvenes que conforman la población universitaria nacional; donde ha desaparecido por completo la más elemental de las funciones que debe cumplir el Estado, que es la de tener emisoras de radio y de televisión consagradas a la educación, porque las que existían fueron privatizadas para complacer a los fines políticos y propagandísticos del régimen, todo ello configura un estado de cosas casi incalificable, que hace legítima la afirmación, el sentimiento cada vez más extendido en nuestro país, de que Venezuela es hoy un país sin horizonte que ofrecer o proponer a sus jóvenes.

Un grupo de activistas había anunciado una campaña para el 26 de octubre contra la prohibición en el reino saudí e hicieron un llamamiento a las mujeres para que salieran a las calles conduciendo sus coches.

La convocatoria fue anulada después de que el Ministerio del Interior lo solicitara, aunque esto no impidió que varias activistas condujeran por su cuenta por las ciudades saudíes.

Según informó hoy el diario "Al Hayat", las autoridades saudíes han multado a quince mujeres por este desafío en las ciudades de Riad, Yeda (este), Dammam (noroeste) y Yanbu (este).

En Arabia Saudí rige una estricta interpretación de la ley islámica o sharía, que impone la segregación de sexos en espacios públicos.

Las mujeres no pueden conducir ni tampoco viajar fuera del país sin un varón de la familia, entre otras restricciones