• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Isla en peligro

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Estamos en plena temporada vacacional y los turistas caraqueños dudan de viajar, como todos los años, a Margarita porque allá los están esperando las mismas bandas criminales que roban, asaltan y matan en las calles y urbanizaciones de nuestra capital. El Gobierno colocó como gobernador a un militar para que pusiera mano dura, el general Mata, cuya impericia e indolencia para imponer el orden ha generado más bien -en coincidencia con su apellido- una matazón en la tranquila isla que todos disfrutábamos antes de la llegada de Chávez al poder.

A la constreñida oferta de transporte aéreo y marítimo que limita el acceso de vacacionistas; a la atroz uniformidad de una mercancía mayormente elaborada en China y adquirida en outlets de Panamá; a los prohibitivos precios que ponen por las nubes el renglón de comidas y bebidas, se suma ahora una angustiante sensación de desamparo que agobia al viajero ante la creciente ola de robos, asaltos y asesinatos que se comenten a diario y en casi cualquier parte, sin que el gobierno neoespartano enfrente esta plaga.

Hace apenas unos días -informaban los medios de comunicación- la gente que transitaba por la avenida 4 de Mayo fue sacudida con un suceso verdaderamente de película cuando un sicario acribilló en una peluquería a otro matón, es decir, un ajuste de cuentas a plena luz del día en el mero centro comercial de la isla, escenario frecuente de acciones parecidas pues, apenas dos meses antes, un coronel retirado fue baleado mortalmente a la salida de un cajero automático para despojarle de mil míseros bolívares.

El 8 de agosto la prensa nacional informaba sobre varios hechos de violencia: el homicidio en Pampatar de un joven de 23 años de edad que viajaba en una buseta, el robo a un grupo de camioneros en el terminal de Conferry y el asalto a 30 turistas merideños en una posada.
Esta última modalidad se repite con frecuencia y grupos enteros de temporaditas son despojados de sus bienes estén o no presentes en el lugar de alojamiento. También, lógicamente, es el que más aparece en la prensa y, por ello, la que contribuye con mayor eficacia a ahuyentar a potenciales viajeros.

Tratando de remendar el arruinado capote del turismo margariteño, Maduro notificó oficialmente la llegada de dos catamaranes para incorporarlos a la empresa de transporte marítimo que, casualmente, él mismo hundió en el mar de la ineficiencia de su gobierno.
El primero de ellos, Virgen del Valle II, arribó el domingo pasado, con más de dos horas de atraso a Punta de Piedras, pero quien no llegó a tiempo fue Maduro que era el invitado especial y había publicitado su asistencia.

En verdad el Virgen del Valle II atracó con 15 revolucionarios años de mora, en el momento justo para que algunos afortunados burócratas rojos rojitos se deleitaran brindando en sus “modernas instalaciones”. Dicen que alguien vio por allí al general Mata matando una mosca. Algo es algo.