• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Inhabilitación alimentaria

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No sabemos a cuenta de qué la Superintendencia Nacional Agroalimentaria ordenó a las empresas de alimentos entregar 100% de su producción a las redes oficiales. Con ello cerca de 80.000 puntos de venta en manos de particulares –a escala nacional–, se verían afectadas y quedarían, como se dice, fuera de juego y sin derecho a pataleo.

Por lo que establece el artículo 12 de la ley del Sistema Nacional Agroalimentario, el acaparamiento no es precisamente competencia del organismo mencionado; lo que sí está claro, como un día de sol sin nube alguna, es el carácter electorero de una medida, que con olor a soborno, procura comprar respaldo para los candidatos oficialistas a la Asamblea Nacional.

Busca el gobierno engolosinar al votante con una dosis de “dakazo” reformulado; se trata de un retazo más en la colcha con que intenta arropar su desespero. No le bastan las inhabilitaciones. Quiere darle otra vuelta a la tuerca y a lo mejor aísla el tornillo, rompe el perno o retuerce la arandela, porque esa desesperada decisión no facilita sino que obstaculiza la repartición de comida.

De acuerdo con las apreciaciones del presidente de Cámara Venezolana de la Industria de Alimentos, Pablo Baraybar, tanto Pdval como Bicentenario y Mercal no tienen la misma capacidad de distribución que las redes privadas. De 4.300 personas atendidas diariamente en cada establecimiento particular se pasará a 380.000 en los puntos de la red pública.

Las colas aumentarán y también el “bachaqueo”, pues quienes practican esta “lucrativa” actividad se surten, como es vox populi, en los locales gubernamentales.
Baraybar precisó que si las 230 empresas de alimentos propiedad del Estado estuvieran operando a 100% de su capacidad, podrían atender a todos los comercios oficiales y no sería necesario desviar mercancía en perjuicio de los privados donde, según encuestas, 78% de los venezolanos realiza sus compras.
Con una pancada como la que ensaya un régimen con el agua al cuello, que no piensa mucho lo que hace y aún menos lo que dice, es fácil imaginar qué contendrá el “Combo salvavidas”: harinas de trigo y maíz, azúcar, leche, arroz y aceite comestible, pero con las navidades a vuelta de elecciones, tal vez se entregue además primorosamente envuelto en hojas para hallacas y con un lazo de papel higiénico rojo, ¡rojiiiiito!, a modo de aguinaldo precomicial.

Con este agónico ¡échenle de comer a la gente! hemos entrado en un proceso de inhabilitación de bodegas, abastos y supermercados cuyas ventas se verán severamente reducidas por la demagogia y la codicia de quienes no vacilan en utilizar recursos ajenos para beneficio propio; esta rebatiña restrictiva tendrá repercusiones contrarias a los objetivos dictados por la improvisación y el miedo.

Un poco de decencia no es mucho pedir ante tanta desvergüenza proselitista y desparpajo clientelar. ¡Por favor, señores, una pizca de sensatez! La paciencia tiene límites: tanto va el cántaro al agua hasta que se rompe.