• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Inflación instalada

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Y sigue creciendo

Inflación instalada

El alza de los precios durante los últimos 12 meses llegó a 42,6%, de acuerdo con cifras oficiales del Banco Central de Venezuela. Esto representa más del doble del incremento registrado entre julio de 2011 y julio de 2012 (19,4%). En los primeros 7 meses de este año la inflación ha sido de 29%, más del triple de la ocurrida en el mismo período del año anterior (8,6%).

De manera que las estadísticas corroboran la sensación ciudadana de que los aumentos de precios se han desbocado y empobrecen cada vez a la población, particularmente la de menores recursos. Especialmente significativo es el hecho de que los precios de alimentos y bebidas no alcohólicas subieron durante el último año 58,7%.

El consuelo que nos quieren vender las autoridades y los boletines oficiales es que durante el mes pasado el índice mensual de alza de precios subió “sólo” 3,2%, porcentaje inferior al 4,7% del mes anterior. Este supuesto alivio momentáneo bien puede considerarse un “alivio de tísico”, con solamente observar las tendencias de los últimos años.

Los economistas han descrito desde hace mucho un efecto que pudiéramos llamar de escalón y que se aplica especialmente a una inflación desatada. Consiste en que una vez que se llega a un cierto nivel de alza de precios resulta muy difícil volver a niveles menores. Por ejemplo, en los primeros meses de 2012 los incrementos mensuales eran de algo más de 1%, mientras que en el primer semestre son mayores (a veces muy mayores) a 3%. Hemos subido dos escalones. Dentro del nuevo nivel de inflación puede haber alzas y bajas, pero resulta muy difícil bajar al escalón anterior.

Por ello en inglés a este fenómeno se le denomina ratchet effect, aludiendo al mecanismo utilizado por lo que nosotros llamamos el “gato” que levanta a un automóvil cuando hay que cambiarle un caucho. Los sucesivos ganchos dentados impiden que el gato baje de nivel pero hacen posible que se eleve al nivel siguiente. Lo mismo sucede con los precios si no se adoptan los cambios necesarios de política. El alza de los precios estimula el aumento de salarios y estos a su vez alimentan un mayor aumento de precios.

Si a lo anterior se añaden estímulos externos a esta inflación inercial, tales como depreciación de la moneda, falta de divisas, debilitamiento del aparato productivo y desconfianza, la aceleración inflacionaria puede llegar a cotas insoportables y no hay control de precios o medidas represivas que puedan contenerla. Por no hablar de la posibilidad de una reducción en los ingresos petroleros y fiscales, que representaría la hecatombe.

Por ello extraña la pasividad y desconcierto del Gobierno, el cual no se atreve a modificar sus políticas económicas y se resigna a que la población padezca el desabastecimiento. No han entendido que con pañitos calientes no habrá mejorías sino que la situación de la economía y de los venezolanos empeorará aun más.